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Usain Bolt: “Estoy cansado. Ya lo he conseguido todo”

11 diciembre, 2016 / en Deportes

Es una máquina de coleccionar medallas. De destrozar récords. De cosechar dinero. Una marca en sí mismo que exporta la mejor cara de su país, Jamaica. Pero Usain Bolt, el hombre más veloz de la historia, 20 veces oro olímpico y mundial, está cansado de mantener el ritmo frenético de sus zancadas. Así lo confiesa durante un encuentro en Londres. El año que viene será el de su despedida. Como preludio, el documental ‘I Am Bolt’ retrata su vertiente más indomable.

Cada vez se me hace más duro. Estoy cansado. La gente me mira y piensa que es fácil lo que hago…, y no, no lo es. ¡Es difícil!”. Usain Bolt (Sherwood Content, Jamaica, 1986) gesticula al subrayar la energía desplegada para convertirse en uno de los deportistas más exitosos y carismáticos de la historia. Desde que tenía 10 años –cuando empezó en el atletismo en la zona rural de la que procede, al norte de su país, aconsejado por su entrenador de críquet, el primer deporte al que se dedicó– hasta hoy no ha parado de correr. Cumplidos los 30, está a punto de despedir una época legendaria en el tartán. Desde 2008, Bolt ha dominado los 100 metros, 200 metros y 4×100 metros –distancias en las que ostenta los récords del mundo– tanto en Juegos Olímpicos (Pekín 2008, Londres 2012 y Río 2016) como en mundiales (Berlín 2009, Daegu 2011, Moscú 2013 y Pekín 2015). De 21 medallas posibles en esas citas, Bolt se llevó 20 oros. Solo falló en los 100 en Daegu, donde una salida nula en la final le apartó de la lucha por el metal.

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Usain Bolt, en su casa, después de una sesión de natación para recuperarse de un esguince de tobillo a principios de este año.

“Una vez pregunté a Michael Johnson (cuatro oros olímpicos y ocho mundiales) por qué se había retirado. Me dijo: ‘Había conseguido todo, ¿por qué continuar?’. Me parece un argumento válido. Yo tenía mis objetivos: quería ser campeón olímpico en atletismo y lo conseguí. Todo lo que quería lograr… ya lo tengo”, señala Bolt con aire a despedida en Londres, ciudad a la que acudió a finales de noviembre para asistir al estreno de un documental sobre su vida, titulado I Am Bolt (yo soy Bolt). En un hotel londinense, el deportista charla con medios de todo el mundo, en sesiones individuales. Cuando sus casi dos metros de altura, vestidos con un chándal negro, entran en una habitación, saluda simpático y fotografía al periodista con su móvil: “Me gusta recordar a las personas con las que hablo”.

“Trabajo al máximo por lo que quiero. He sufrido altibajos, lesiones y falta de motivación. Sin embargo, siempre he sonreído”.

La película, que revela detalles de su preparación para los pasados Juegos de Río, explora también su lado más humano y la relación con su círculo profesional y personal más íntimo. Ahí está el Bolt al que le cuesta trabajo madrugar y ponerse a entrenar: “Ya no es tan divertido como antes. A medida que me hago más mayor, más tengo que sacrificarme. Ya no puedo salir tanto de fiesta. Ya no es agradable y no me apetece hacer algo que no disfruto. Solo pienso en dejarlo, acostarme tarde, relajarme, ser yo, sentirme humano”. Pero en I Am Bolt también está el atleta capaz de ponerse las pilas a tiempo, de llevar su cuerpo al límite, de escuchar a su entrenador, Glen Mills; a su mánager, Nugent Walker, NJ; a su agente, Ricky Simms, y a su masajista, Everald Edwards, Eddie, su círculo deportivo de confianza. “Vamos, Usain, tienes que esforzarte. Solo tres meses y después podrás hacer con tu vida lo que quieras”, le decía Simms antes de la cita olímpica de Brasil. Allí, Bolt se consagró como leyenda, el primero en conseguir tres veces el triplete olímpico en 100, 200 y 4×100. “Me encantaría ser recordado como uno de los mejores deportistas de la historia, como Muhammad Ali, como Michael Jordan o como Pelé. Pero también querría que me recordaran como una persona agradable, relajada, amorosa. Una persona que inspira a otras personas”, dice sobre su legado.

Glen Mills y Usain Bolt, entrenador y atleta, forman un equipo desde 2004. En la imagen, en un entrenamiento.

Curiosamente, Ali y Jordan interrumpieron sus carreras para luego retomarlas, aunque con diferentes resultados: el boxeador fracasó y el jugador de baloncesto lo hizo con gloria las dos veces que volvió tras sendas retiradas. Bolt dice tenerlo meditado: “Cuando me retire…, lo haré para siempre. Volver a competir una vez lo abandonas es muy complicado”. El jamaicano dará sus últimas zancadas en una gran competición en agosto, en el Campeonato del Mundo de Londres. “Se comenta mucho si me quiero retirar antes de que alguien me pueda vencer…”, dice Usain, reconociendo que no le queda mucha gasolina. “Si quisiera, si trabajara muy duro, probablemente conseguiría competir al máximo nivel dos años más”, señala.
“Este año mi idea es correr por los fans”, prosigue. También por el dinero. Bolt cobrará, por ejemplo, un millón de dólares por competir en una prueba de exhibición en Australia el próximo febrero. El jamaicano ocupa el puesto 32º en la lista Forbes de los deportistas mejor pagados del mundo, el primer atleta, con 32,5 millones de dólares en ganancias. En comparación con el fútbol, baloncesto, tenis o golf, en su especialidad se cobra poco. La mayor parte de su sueldo procede de los patrocinios: 30 millones en 2016 (un tercio de Puma). “El dinero me da la libertad de hacer lo que quiera, pero nunca me he focalizado en ello. Tampoco en la fama. Creo que mis padres se decepcionarían mucho si todo ello me cambiara, si me convirtiera en un estúpido”.

“Creo que, si hubiera estado libre de lesiones, habría conseguido más récords. pienso que había espacio para mi mejora”

Bolt es un tipo sonriente, dentro y fuera de la pista. Lo era desde pequeño, recuerda Nugent Walker, NJ, amigo íntimo desde los seis años y convertido en su mánager. “Es su personalidad”, asegura. A juzgar por I Am Bolt, su carácter bonachón lo ha heredado de Wellesley y Jennifer, sus padres. También el valor del trabajo duro. Él se dedicaba al cultivo de café y ella era modista. Eran y siguen siendo humildes, se niegan a abandonar su casa y su barrio de toda la vida. “No quieren irse: ¡créeme que se lo he ofrecido!”, revela Bolt. “Papá siempre ha sido el estricto, el disciplinado. Mamá es más relajada y divertida”, cuenta en Londres. “Trabajo al máximo por aquello que quiero. Mi camino no ha sido sencillo, he tenido altibajos, he sufrido lesiones, falta de motivación… Y sin embargo mi personalidad siempre se ha mantenido igual: me gusta sonreír”.

Y competir.

El público que acude a ver a Bolt sabe que su espíritu, alegría y motivación se contagia. Quien le ve vive una especie de catarsis. Especialmente en su país, donde comparte el altar de los más grandes junto a Bob Marley, cuyo hijo mayor, Ziggy, es amigo del velocista (Bolt tiene también entre sus amistades a otros músicos de la isla, como Chronixx o Vybz Kartel). La primera vez que sintió la energía procedente de sus fans fue en 2002. “Recuerdo salir del túnel y escuchar al graderío: ‘¡Bolt! ¡Bolt! ¡Bolt!’. Instantáneamente me puse nervioso. Mis piernas, mis manos, mi cuerpo… temblaban. Pero cuando la carrera comenzó…, sentí un empujón”. Con 15 años, Usain vencía en la carrera de los 200 metros en el Campeonato del Mundo Júnior, disputado en Kingston (Jamaica). “Ese ha sido el mejor momento de mi vida, la primera vez que gané un oro, delante de toda mi gente. Ahí empezó todo”, recuerda.


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