Los entorpecimientos que derivan de la irresponsabilidad y el egoísmo de los hostiles políticos haitianos -que parecen ser mayoría y que no merecen el respaldo mayoritario de su nación- frustran a dos naciones al mismo tiempo. Directamente al más sufrido pueblo del continente, que en gran medida todavía se aloja en miserables condiciones provisionales. Y luego a su Estado y comunidad vecina, República Dominicana, país que recibe consecuencias muy negativas, a través de migraciones, de las situaciones sin resolver al otro lado de la frontera. Los dominicanos tenemos poderosas razones para exigirles sensatez a esos políticos.
Mejorar control a tráfico de drogas
República Dominicana debe ser equipada con prontitud de instrumentos electrónicos y de visión de rayos equis de última generación que permitan la detección con rapidez de alijos de drogas, a los fines de reducir de manera sustancial el uso de los puertos de este país para el trasiego de cargamentos importantes de drogas destinados a los grandes mercados de consumo en Estados Unidos y Europa.
Un daño social mayor es causado a esas sociedades, ricas y avanzadas receptoras clandestinas por esta vía de las sustancias controladas. Sociedades en las que además no se aplica una dura represión al consumo. El costo de interceptar con medios avanzados el flujo de drogas tiene que recaer en gran medida sobre esos Estados de destino final de la mercancía con el aporte de equipos. En la actualidad la revisión efectiva de furgones sospechosos está disponible en un solo puerto. Eso no es suficiente.

