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06 de mayo del 2021

Opinión

1961, 1978 y 2020

Nelson Marte. En 1961 el país vivía una situación parecida a la actual. El presidente Joaquín Balaguer, heredero de Trujillo, maniobraba para quedarse en el poder. Pero el rechazo popular fue demasiado, teniendo que salir exiliado pese a proclamar poco antes de irse que era preferible “un presidente muerto, a un presidente huyendo”. Aquel proceso […]




Nelson Marte. En 1961 el país vivía una situación parecida a la actual. El presidente Joaquín Balaguer, heredero de Trujillo, maniobraba para quedarse en el poder. Pero el rechazo popular fue demasiado, teniendo que salir exiliado pese a proclamar poco antes de irse que era preferible “un presidente muerto, a un presidente huyendo”. Aquel proceso dio lugar a uno de los períodos de mayor turbulencia en la vida institucional del país, sucediéndose varios gobiernos en pocos meses, una expulsión de la OEA, luchas violentas en las calles, etc., hasta que se logró organizar las elecciones de 1962 en las que fue electo Juan Bosch. En 1978, y tras gobernar el país por 12 años Balaguer quiso retener el poder a la fuerza, usando a militares y policías en sus estrategias políticas, como hace ahora el PLD, sin importarle los costos que tal desborde implique. Con un rechazo mayor al que tuvo Balaguer en 1961 y 1978, el PLD intenta ahora repetir la historia, que puede salirle como tragedia. Quedarse el PLD en el poder mediante argucias antidemocráticas, pese a un rechazo que va del 70 al 90% de la gente harta de corrupción, desidia e incapacidades, puede tener costos que retrocedan al país en 50 años. La faena antidemocrática de malograr el gobierno del PLD las elecciones municipales del domingo tiene el ingrediente de que se ha hecho usando todos los recursos del poder, fue un alevoso crimen institucional que gracias a las redes sociales y escasos medios, ha quedado descubierto. Los intentos continuistas de 1961 y 1978 terminaron en fracasos. Ahora existen factores más poderosos para que ese fracaso sea mayor. Imponerle el PLD al país una dictadura de partido único chocaría con un contexto internacional al que le sobra inestabilidad geopolítica, y afectaría intereses estratégicos: políticos, económicos y de seguridad. Con Borinquén y Haití en graves crisis, Cuba sin apertura democrática, Venezuela en desatada ingobernabilidad, Nicaragua también en dictadura, e incertidumbre económica mundial, a lo que se agrega China, hace poco factor de expansión mundial, y que hoy no sabe si atender al frenazo de su economía o al coronavirus, son un contexto internacional muy adverso a la pretensión peledeísta de quedarse en el poder por las malas. Estados Unidos no pierde de vista lo que se está moviendo aquí, por lo que ya el lunes Roger Noriega, ex subsecretario de Estado para América Latina y político de gran influencia subrayaba que la suspensión de las elecciones del domingo no podía haberse dado sin la intervención del gobierno dominicano al más alto nivel.

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