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20 de abril del 2021

Opinión

¿48 años de éxitos o fracasos?

Celso Marranzini. ¿Cómo define un sindicato, una agrupación, un gremio empresarial o un partido el éxito? Muchos lo definirían como los logros materiales, sociales o políticos. Yo lo defino, como que necesariamente tiene que ser una combinación, no del éxito personal sino de los logros como grupo y los aportes a la nación en el […]




¿Cómo define un sindicato, una agrupación, un gremio empresarial o un partido el éxito? Muchos lo definirían como los logros materiales, sociales o políticos. Yo lo defino, como que necesariamente tiene que ser una combinación, no del éxito personal sino de los logros como grupo y los aportes a la nación en el mejoramiento de las condiciones no sólo de quienes se agrupan alrededor de una organización en particular, sino también en su aporte al cambio positivo del país. La Asociación Dominicana de Profesores (ADP) celebra sus cuarenta y ocho años de fundación. ¿Me preguntaría, cuántos de sus miembros y dirigentes se sienten satisfechos del trabajo en pro de la educación de nuestro país? Si la meta del gremio era únicamente mejorar los salarios de los maestros, que fueron por muchos años una vergüenza, han tenido éxito. Si la meta es haber hecho muchas huelgas, han sido muy exitosos. Si su meta era no exigir calificaciones adecuadas a nuestros educadores también han sido exitosos. Si su meta era defender maestros que no cumplían con el horario, han sido exitosos. Si su meta es evitar que los directores de distritos sean elegidos por concurso han sido exitosos. El sábado pasado, utilizando el color azul, hacían nuevas exigencias. Estarán en carpas toda la semana, pero debían ser carpas verdes, no el verde de la protesta, el verde de la vergüenza. Vergüenza de que los alumnos de tercer grado, sólo el 50% alcanzó niveles elementales; apenas el 12% satisfactorio en lengua española y el 27% en matemáticas, en la “Evaluación Diagnóstica Nacional de Tercer Grado”. Esto no es culpa de los maestros de tercer grado, es el resultado de un sistema que decidió que los alumnos de primer y segundo grado no debían ser evaluados y mucho menos podían repetir dichos niveles. Me imagino que, dado esta degradante idea, los maestros enviados a estos niveles, con sus excepciones, deben ser analfabetos funcionales. ¿Cuántas veces no he visto exámenes donde las preguntas están plagadas de errores gramaticales? ¿Cómo pensar que esos estudiantes no repetirán los mismos errores que sus profesores? Este año invertiremos la suma de ciento cincuenta y tres mil millones de pesos en educación. Me atreví a ir contra la ola del 4%, que en ese entonces había que ser valiente para eso. Dije que el dinero no era la solución. Muchos países con menor inversión que nosotros han alcanzado niveles educativos mayores que las pobres notas que como país exhibimos. Un gremio que por nada suspende la docencia. Una reunión de profesores, una reunión de la cooperativa o cualquier excusa menos la de la calidad. Si la calidad de los maestros no es buena, mucho menos lo será la de los estudiantes. Se gradúan miles de maestros sin la capacidad necesaria. Muchas universidades son culpables de eso, especialmente la estatal, la cual cuando un estudiante no califica para ninguna otra carrera es enviado a estudiar magisterio. Vaya la irresponsabilidad o la cachaza de la más vieja universidad del mundo. El problema de la calidad de la educación en nuestro país no se resolverá hasta tanto no sea obligatorio que tanto la directiva del gremio como los funcionarios del Gobierno, por obligación tengan que mandar sus hijos a escuelas públicas. A partir de ese momento se pondrá atención a la educación. También me pregunto dónde están los que con tanto fervor defendieron el 4%, ahora que este gobierno lo ha hecho realidad, sin importar la carga que le representa a las finanzas, por qué no salen a las calles con paraguas y camisetas a exigir no al Ministerio, que ha dado en esta oportunidad más que señales que desea un cambio en la calidad, sino al gremio que no acaba de entender lo que es calidad. Hay que aprovechar esta evaluación para tomar los correctivos de lugar, tanto para la educación pública como para la privada, que hace tiempo también los colegios debían ser calificados para que los padres puedan tener claro que la inversión tan necesaria que hacen en sus hijos reportará los beneficios que ellos esperan. Nuestras felicitaciones al Ministro de Educación que ha tomado la decisión de medir los resultados de los estudiantes de tercer grado. Lo que no se mide no se cambia.

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