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22 de abril del 2021

Opinión

Cronicanto a la democracia

Pablo McKinney. TIRANDO A MATAR   Uno pensaba que ante lo que institucional y Éticamente estamos viviendo los dominicanos, al país estaba eentrando el mar, pero resulta que no era el bendito mar lo que entraba sino un intento de golpe de Estado institucional y callejero, tan de moda en el continente Últimamente. Unos letrados […]




Pablo McKinney.
TIRANDO A MATAR   Uno pensaba que ante lo que institucional y Éticamente estamos viviendo los dominicanos, al país estaba eentrando el mar, pero resulta que no era el bendito mar lo que entraba sino un intento de golpe de Estado institucional y callejero, tan de moda en el continente Últimamente. Unos letrados señores -a partir de la justificada indignacion ciudadana por tanta impunidad padecida en el Último siglo y medio- pretenden que esas masas de indignados les traigan desde las calles el poder político que los votantes les negaron en las urnas. Pedir la renuncia a un Presidente constitucional que gano con 26 puntos y 1.2 millones de votos de ventaja sobre su más cercano adversario es tirar a matar a la democracia, y así­ no fue que hablamos, no, asi­ no podemos, profesor, así­ no podemos. No es honesto buscar en las calles y los muertos (siempre los otros muertos, ay) lo que no se encontro en las urnas, con el pretexto de la lucha contra la impunidad. Peor que un abominable acto de corrupcion es un execrable e irresponsable atentado contra la democracia, un intento de golpe de Estado donde, como siempre, la sangre la pondrán las masas olvidadas por todos, incluidos sobre todo por ellos mismos, siempre tan dispuestos a llorar mucho por los que fueron y trabajar poco por los que quieren ser. (Hagan memoria). MANIFIESTO CONSUMISTA DE (GROUCHO) MARX Ochenta y tantos señores de variopintas tendencias, formacion, Ética e intenciones se han reunido para, ellos solitos, sin contar con el apoyo de los marines yanquis ni con el de la diplomacia europea, sin la bendicion de los chinos continentales y, sobre todo, sin ningún apoyo electoral, exigir la renuncia del presidente Danilo Medina, reclamar un acuerdo ciudadano político, (pero ellos no tienen los ciudadanos ni los políticos) y, en un acto de arrogancia intelectual y perfumado elitismo social, exigir la imposicion de un  nuevo orden democrático. Ese nuevo oorden tendría que ser el ccorrecto, o sea, el suyo, y no el fruto de las logicas transacciones, de la correlacion de fuerzas, un hijo del sistema de pactos y contrapesos que dan sustento y supervivencia a la democracia. No. Pporque nacieron en la tercera base del Quisqueya, más de uno aquí­ se cree que bateo un triple. Dicen ser democratas, pero solo confían en el resultado de las urnas– si a éste les favorece. Así­, anclados en la guerra fría, si la voluntad popular no coincide con la suya (su voluntad) su destino es desconocerla. EN LA CALLE Y SIN UN VOTO El actual momento político-institucional del país es inmejorable para nuevos proyectos, ideas, aportes, pero no desde el sentido de superioridad por títulos, por libros leídos, comprados, escritos o por tertulias saboreadas, sino desde el trabajo. No solo en el campo, también en la democracia para hacer espumas hay que detenerse a mear. Cincuenta y dos años después de aquel abril, si algo unifica al pueblo dominicano es su apuesta por la democracia representativa, siempre perfectible y faltosa, algo gris y un poco puta, sí­, pero ella es la nuestra, nuestro vino de plátano, nuestro vino, y en ese apoyo no hay fisuras. Que los letrados señores les tiren a matar a los peledei­stas y sus excesos, que disparen a los PRM, a sus despistes y a su obsoleta modernidad; que le digan tres vainas al PRSC y su vocacion de bisagra oportunista, al PRD en su lúdica y glamorosa decadencia, olvidos de Peña, martirios de Bosch, ay, suicidios de todos. Pero contra la madre-democracia no, contra ella no, y queda aquí­ la poética advertencia: Toitico te lo consiento menos faltarle a mi madre, que madre no hay más que una, y a ti te encontró en la calle– en la calle y sin un voto. Con su permiso.

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