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13 de mayo del 2021

Opinión

A confesión de parte…

Por RUDDY L. GONZALEZ.    La revocación que hiciera la Dirección General de Contrataciones Públicas de la resolución del 2008 -ratificada en el 2016- que autorizaba a las instituciones públicas y descentralizadas a comprar boletos aéreos, combustibles y servicios de reparación de vehículos, es la admisión que despeja las interrogantes que tenía la gente sobre qué permitió […]




La revocación que hiciera la Dirección General de Contrataciones Públicas de la resolución del 2008 -ratificada en el 2016- que autorizaba a las instituciones públicas y descentralizadas a comprar boletos aéreos, combustibles y servicios de reparación de vehículos, es la admisión que despeja las interrogantes que tenía la gente sobre qué permitió el escandaloso caso de corrupción prolongada –por más de cinco años- en la OMSA.

Si los ejecutivos de la OMSA estaban ‘amparados’ en la resolución 15-08 y la ‘documentación’ oficial del Registro de Proveedores del Estado, emitidos ambos por la Dirección de Contrataciones Públicas, que autorizaba a determinadas personas y personajes como hábiles para realizar operaciones con las dependencias públicas, uno llega a la conclusión de que ¡hasta poco ha pasado!

Y si este fue un grave elemento que apuntaló el entramado mafioso que se ha denunciado en la OMSA, es peor, y hasta incalificable, el manejo de la Cámara de Cuentas en su obligación de auscultar el funcionamiento de ese organismo oficial, por demás en medio de un ambiente reiterado de serios cuestionamientos sobre el funcionamiento de esa entidad de servicio público.

Algunas dudas que les pido me ayuden a aclarar:

En agosto del 2017, la presidencia de la Cámara de Cuentas se declaraba sin dinero suficiente para auditar las obras realizadas por Odebrecht en el país y en octubre decía lo mismo sobre la exigencia de que se auditara a la OMSA ¿no fue esa inacción  evidentemente responsable de que en la entidad de transporte público se generalizara la corrupción, el caos y el desorden?

¿Cómo si no había dinero para hacer auditorías, aparecieron de repente los fondos para los aumentos de salarios y otorgar las bonificaciones a los miembros de la Cámara de Cuentas a finales del año pasado, quedando el organismo en medio de una vorágine de cuestionamientos por tal ‘indelicadeza’?

¿Porqué como ‘de la nada’, apareció un informe de ‘resultado’ de la ‘auditoría’ a la OMSA, primero en medios de comunicación  que en los escritorios de dependencias relacionadas y/o señaladas en dichas ‘conclusiones’, como establece la norma: se emite un borrador a los interesados para que hagan sus reparos y/o aclaraciones, antes de que se emita el resultado definitivo de la experticia?

¿No es ‘coincidente’ que, asimismo, la Cámara de Cuentas anuncie ahora que está ‘a punto de concluir’ las auditorias a las obras de Odebrecht, que había dicho no podía hacer y que nadie sabía que ‘estaban en eso’?

¿Bajo que mecanismos la propia Cámara de Cuentas, como organismo descentralizado del Estado, compra boletos aéreos, combustibles y repara sus vehículos?

Y la pregunta de los 64mil ¿es tan cándida la Cámara de Cuentas para creerse que la gente les acepta que esa ‘eficiencia’ sorprendente no tiene relación con los cuestionamientos por las ‘indelicadezas salariales’ que se les endilgan y las amenazas de juicio político que ronda los curules de la Cámara de Diputados?

Saque usted sus conclusiones. Yo tengo las mías.

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