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23 de abril del 2021

Opinión

A Luis Hipólito Medina Fernández (alias Tito)

Pablo McKinney. pablomckinney@gmail.com  El próximo 18 de enero harán ya diez meses que los dominica­nos vivimos en Estado de Excepción. El in­fierno en pleno invierno. Al que no le ha afectado la sa­lud, el Covid lo ha golpeado con la pena; a quien no le ha quebrado la economía, lo ha convertido “más que en […]




Pablo McKinney.
pablomckinney@gmail.com
 El próximo 18 de enero harán ya diez meses que los dominica­nos vivimos en Estado de Excepción. El in­fierno en pleno invierno. Al que no le ha afectado la sa­lud, el Covid lo ha golpeado con la pena; a quien no le ha quebrado la economía, lo ha convertido “más que en un hombre enfermo en un hombre vencido”, que decía Conrad. Y si el ciudadano común ha sido afectado de esta for­ma, qué podemos decir de los servidores públicos, en­fermeras, médicos, policías y militares, colocados en el frente de la batalla contra un enemigo para el que to­davía no llegan las armas, o sea, las vacunas. Entonces, ante el dra­ma sanitario, económico y emocional en el que vi­vimos hoy los dominica­nos, este de ahora mismo, es el momento exacto de que los tres expresiden­tes, Mejía, Medina y Fer­nández y el actual man­datario, Luis Abinader, se sitúen en el lugar que la gravedad del momento y la incertidumbre del futu­ro les ha colocado. Las crisis no solo traen soluciones, sino que tam­bién generan sus héroes, y los héroes de esta tragedia global están en los hospita­les salvando o en las calles protegiendo. Los líderes son o han sido Ustedes. Por todo esto, -a pesar de contradicciones, acu­saciones, apresamientos, procesos judiciales, cam­paña de descalificación y mucha “maidelplay”,- es urgente que en el Palacio Nacional, en la UASD o en El Quisqueya, se celebre “La Cumbre de la Patria”, donde los expresidentes y el jefe del Estado le juren al país que mientras no lle­gue la nueva normalidad a la que aspiramos, los inte­reses partidarios -y los par­ticulares- de todos ellos, solo llegarán hasta donde ondea la bandera nacio­nal; que sus contradiccio­nes, rencores, desamores y malquerencias se deten­drán, no ante la puerta de ningún despacho, como el Doctor, pero sí ante la puerta de La Misericordia, la Patria. Díganle al país, que mientras en la prensa y en las redes los suyos se­guirán en “lo suyo” que es mucha, cuerda, insul­to, cachondeo y maidel­play, Uds. harán un alto en el camino de sus con­frontaciones para apoyar esta campaña nacional por la salud y la esperanza del pueblo dominicano. Es hora de pasar del si­lencio a la palabra que debe conducir a los hechos, a la acción, en fin, “Unidad para el combate”. El país les está esperan­do, presidentes.

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