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18 de mayo del 2021

Opinión

A Mu-Kien, de una adepeísta

Yvelisse Prats Ramírez De Pérez. Querida y respetada amiga: Leo todos los sábados tu columna Encuentros. Tus artículos son, no solo interesantes, sino hermosamente escritos. A veces no coincido con tus opiniones, pero sí en la convicción de que la democracia no se fundamenta en la unanimidad, sino en disensos que pueden convertirse en consensos […]




Yvelisse Prats Ramírez De Pérez.

Querida y respetada amiga:

Leo todos los sábados tu columna Encuentros.

Tus artículos son, no solo interesantes, sino hermosamente escritos. A veces no coincido con tus opiniones, pero sí en la convicción de que la democracia no se fundamenta en la unanimidad, sino en disensos que pueden convertirse en consensos críticos.

En tu “carta” a la ADP, coincidí contigo en varios juicios sobre la situación del sistema educativo dominicano, que es tan grave, que amerita que intelectuales comprometidos como tú con el presente y el futuro del país, la analicen y fijen posición sobre ella.

Cuatro evaluaciones internacionales consecutivas, Cerce I, Cerce II, Terce y Pisa, las Pruebas Nacionales que ahora no se sabe si desaparecerán para siempre o vuelven con otro nombre, han determinado que nuestros estudiantes de 3er grado no saben leer ni “mamá me ama”, los de 6to no entienden cuando silabean las frases, y en Matemática, solo aprenden el 4% de lo que corresponde a ese último año del Nivel Primario.

Nuestro vocabulario usual se ha reducido en los últimos 10 años ¡de 5,000 a 500 palabras! La historia, eso lo sabes y lo has dicho tú, no se aprende, o se aprende poco y mal.

El Consejo Nacional de Educación, “máximo rector de la educación dominicana”, está “en receso” hace tiempo, porque las decisiones las toman los ministros que se suceden, por cierto casi todos sin haber sido maestros ni ser profesionales en Ciencias de la Educación.

Sí, querida Mu-Kien, hay esos fallos, y muchos otros más en nuestra educación, por diversas razones, entre ellas que el 4% por el que tú y yo desfilamos con nuestras sombrillas amarillas, se usa más para construir escuelas.

También sé que nuestros docentes tienen falencias serias en su formación, por ejemplo, en la UASD, universidad pública, una recomendación de Minerd o de Mescyt sacó del pensum de las Ciencias de Educación la Filosofía Educativa, la Sociología de la Educación, y otras asignaturas claves para que los estudiantes comprendan y asuman la visión y la misión de la educación, no se forman maestros, sino instructores.

Hasta aquí, nuestras preocupaciones van de la mano. Lo que no comparto en tu carta es que pareces hacer culpable, o por lo menos responsable, a la ADP, de las fallas que en verdad corresponden al Estado, a través del órgano ejecutor de sus políticas, en este caso, Minerd, y en cuanto a la calidad de la formación docente, también a las instituciones que forman maestros, y el Mescyt.

No es la ADP quien decide esos cambios casi demenciales a los currículos, no es la ADP la que decide las construcciones escolares, y los impropios lugares donde a veces se edifican.

No es la ADP quien organiza los concursos que se denuncian como amañados para favorecer a miembros de un determinado partido.

Y sí, somos un sindicato, institución que juega un rol fundamental en la democracia, y seguiremos siéndolo, con orgullo.

¿Qué nos queda? Tomarnos juntas un cafecito, contarnos nuestras angustias asmáticas y seguir coincidiendo en lo que es, es así, nuestra pasión compartida: La educación.

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