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21 de abril del 2021

Opinión

¡A revisar!…

Luis Encarnación Pimentel. Como sociedad, hace rato que debimos ir resolviendo el deterioro y giro peligroso que han ido tomando las cosas, en los más diversos aspectos, a fi n de sacudirnos, poner controles afectivos y aplicar sanciones al violador, para evitar que todo se escape de las manos de las autoridades y del alcance […]




Luis Encarnación Pimentel.
Como sociedad, hace rato que debimos ir resolviendo el deterioro y giro peligroso que han ido tomando las cosas, en los más diversos aspectos, a fi n de sacudirnos, poner controles afectivos y aplicar sanciones al violador, para evitar que todo se escape de las manos de las autoridades y del alcance de la ley. Debemos, con urgencia, mirar hacia donde nos está conduciendo una actitud pasiva, acomodaticia e irresponsable de una mayoría de la población de dejar pasar y dejar hacer, para refl exionar en torno al país que en verdad queremos y nos conviene, y proceder en su búsqueda. Estamos perdiendo el país tradicional –el de nuestros padres y abuelos, con gente solidaria, armada de valores y observadora de la ley y del orden–, pero ya no solo por culpa de la migración ilegal y desbordada de haitianos que nos arropa. Hay una inversión de papeles y unas confusas e infuncionales reglas de juego en el plano interno que nos llevan, a toda prisa, por muy mal derrotero como nación. Por lo pronto, ¿cómo es posible que mientras el delincuente probado y confeso –muchas veces reincidentes con innumeras fi chas policiales- que roba la tranquilidad o quita una vida útil, goce de garantías, de derechos y de defensas que, generalmente, no tienen ciudadanos serios, trabajadores y honestos que terminan siendo doblemente víctimas, del agresor y del sistema?. El ladrón se mete en la casa ajena, roba, viola, mata y se va y, como no se sabe quién es y difícilmente se le identifi - que, nadie es responsable del crimen ni paga el daño. Pero si por una chepa de la vida el dueño de la vivienda tiene un arma de fuego, tiene suerte y mata al intruso, entonces ese ciudadano cuya vida y la de su familia han sido puestas en riesgo, va preso, en lo que se investiga el caso (¿?). Es una barbaridad a la que hace tiempo se le debió poner término, por ser un abuso y un gran estímulo a la delincuencia. Como el policía (hay un caso reciente en la Corte del Distrito de dos agentes condenados incorrectamente) que en sus funciones mata al delincuente y cae preso. ¿Cuál es el mensaje que se manda a los demás uniformados, en casos similares? Ni lo digo (¿).Indigna recordar que mientras se estudia, qué medida aplicar a los que mataron a una mayor de la Amet al llegar a su casa, un médico que se defendió de un atraco esté mal preso (¿?). ¡Increíble!

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