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19 de mayo del 2021

Política

Abinader es solo una oportunidad

Por Rafael Acevedo. Presiento que esta vez Dios ha decidido darnos una nueva oportunidad. He visto mi país muchas veces hacerse la ilusión, y luego ver el fracaso, o las cosas hechas a medias, con demasiados defectos y omisiones. Ahora, casi sorpresivamente, tenemos un gobierno de cuyo surgimiento muy pocos podrían vanagloriarse. No propiamente el […]




Por Rafael Acevedo.

Presiento que esta vez Dios ha decidido darnos una nueva oportunidad. He visto mi país muchas veces hacerse la ilusión, y luego ver el fracaso, o las cosas hechas a medias, con demasiados defectos y omisiones.

Ahora, casi sorpresivamente, tenemos un gobierno de cuyo surgimiento muy pocos podrían vanagloriarse. No propiamente el PRM, cuyos votos no eran suficientes; ni cuadros políticos, ni sus estrategias; no el liderazgo, ni el carisma; tampoco el dinero ni otros recursos necesarios para desarticular un poder tan contundente y agresivo como el del gobierno anterior.

La Biblia narra situaciones en las que Yahvé, en vez de reforzar a los israelitas, optó por confundir a sus enemigos.

Los peledeístas se dividieron, el gobierno se desesperó y cometió gran cantidad de faltas y abusos de poder demasiado ostentosos.

El nuevo gobernante no ha sobresalido por su elocuentica y su arrastre. Posiblemente tenemos en este hombre, y en otros hombres y mujeres, solamente individuos cuya gracia sea su capacidad de trabajo, su sentido de la organización y de emprendimiento.

Mayormente gente de clase media, a muchas de las cuales se les reconoce su sentido del honor y de la vergüenza, y que teme a Dios, como la mayoría de los dominicanos.

Esta gente viene a administrar una crisis de escasez, desorden, corrupción y pandemia; y en vez de desesperarnos y asediarlos, conviene darles y darnos una oportunidad invaluable. Una verdadera esperanza de hacer mucho de lo que aquí se necesita.

Estas nuevas gentes, tampoco tienen hambres ni frustraciones acumuladas. Y mejor aún: no forman una pandilla, ni una claque; tampoco un proyecto socialista o económico de largo alcance y ambición. Ni exhiben, como grupo, filiaciones ni compromisos con ideologías políticas, ambientalistas, de género y afines, aunque probablemente tengan, cada cual, sus preferencias en esos ámbitos ideacionales.

Contrariamente, no se observa tampoco una fuerte ligazón con “El Partido, ni con su programa”; Lo cual no es correcto ni deseable; y ni siquiera se le conocen vocaciones especiales por los pobres, lo cual sería algo muy bueno y merece preeminencia, siempre que no se mezcle con extremismos en ese respecto.

Por lo cual, hay mucho espacio que llenar de parte del pueblo y de clase medias de los que no necesariamente aspiran a cobrar recompensas en cargos, puestos o negocios públicos; especialmente porque, como se sabe, no hay para tanta gente. Y porque son demasiadas las deudas del Estado, y resultará muy costoso tan solo mantener el orden social mínimo necesario.

Otra aparente ventaja, es que al ocurrir todo como de repente, apenas dio tiempo a algunos sectores tradicionales de poder, locales, mafiosos y extranjeros, para hacer sus acostumbrados “aportes” que tan caros le han salido siempre a nuestro país.

Más que esperar un gobiernazo, debemos ayudarlos a ser sensatos y eficaces, y averiguar qué puede cada cual aportar, desde cualquier lugar, para que este gobierno funcione lo más decente y ordenadamente posible. Eso quiere decir, entre otras prioridades: Cuidar que haya comida, salud, educación, oportunidad y futuro para los pobres.

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