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13 de mayo del 2021

Deportes

Abran paréntesis, ha muerto Tony Fernández

Tony Raful (hijo). Tony “Cabeza” Fernández murió. Lo recuerdo con especial atención porque de niño veía mucho béisbol, porque mi posición favorita era el campocorto, porque se sentía bien tener un dominicano con talento en Grandes Ligas y porque nada superaba que fuera un tocayo. Los Azulejos de Toronto colgaron el 16 de febrero un […]




Tony Raful (hijo).

Tony “Cabeza” Fernández murió. Lo recuerdo con especial atención porque de niño veía mucho béisbol, porque mi posición favorita era el campocorto, porque se sentía bien tener un dominicano con talento en Grandes Ligas y porque nada superaba que fuera un tocayo.

Los Azulejos de Toronto colgaron el 16 de febrero un vídeo recordando el paso de más de una década de Fernández por ese equipo. “En memoria del número 1. Siempre en nuestros corazones”  rezaba el texto que lo acompañaba, y para bien de todos, el otro lado de las redes emergió, el que vale las penas y hasta tolerar insultos. Todos esos aparentes canadienses flemáticos mostraron su calor y tristeza al escribir admirando el talento y dedicación de Tony al juego, sin olvidar su calidad humana. Originalmente esta nota recogía algunas de mis impresiones, pero al ver el desborde de afecto por las redes, decidí elegir los mejores comentarios dados por los demás y compartirlos.

Por ejemplo el de Mike Gibbs, un fanático canadiense que escribió en las redes: «Tony Fernández lo era todo. Dios, cuanto lo amaba, ¿quién no? Flotaba en el aire no importa lo que hacía. Sentías cualquier emoción como él. Lo conocías mejor que nadie, así era que te hacía sentir incluso a través de la TV… Me oponía a verlo en la banca incluso cuando estaba en una mala racha. No era estratégico. Simplemente amabas al tipo demasiado, incluso cuando estaba molesto. Déjalo poncharse, volverá. Algún día, ya verás, pero Tony se queda en mi formación. Para siempre.»

Otro fanático de Toronto Dave Bidini, recuerda que Tony solía comprar en un barrio llamado Little Portugal porque encontraba yuca y que se sabía «O Canadá» de oído. Cuenta Bidini que cuando Tony regresó a Toronto en 1993 y el equipo ganó el campeonato, su discurso de victoria fue «Los amo y los necesito». Y continuó diciendo «Cuando pienso en el amor al béisbol, pienso en él. Descansa en paz Tony. Fuiste un rayo de luz en un lugar frio». Lo mejor, Bidini admite que su jugador favorito era Jorge Bell, siquiera Tony.

Los comentarios mostraron el impacto que tuvo en el deporte y en la vida de aquellos que lo vieron jugar. Frank Cardamone escribió “Argumentaría que la mayoría de los hombres en sus 40s se enamoraron del béisbol por Tony Fernández. Yo soy uno de ellos.” Por su parte Jordan Mackinnon dice “Pensaba que no se podía llorar en el béisbol. Que jugador y que persona, hizo al campocorto lucir poético”.

En una entrevista, Fernández contaba que él nunca pensó en el béisbol como una manera de ganar dinero, “solo quería ser como uno de esos jugadores que yo vi en San Pedro de Macorís, como Pepe Frías» y lo logró con creces. Para cientos de personas, Tony Fernández fue su Pepe Frías. Todos querían emularlo.

«Cuantas horas pasamos perfeccionando la mecánica de Fernández con los amigos de infancia en los campos de Toronto » cuenta en su podcast Ari Shapiro. “Él era el tipo que yo quería ser cuando jugaba” dice cryptodread en Instagram. Varios escribieron que “Todo el mundo gritaba “Fernández!” cuando hacían un gran tiro de niño”.

Sus compañeros por igual destacaron sus grandes dotes y sus valores, el pitcher David Wells dijo «Un sueño de cualquier pitcher tenerlo en el campocorto, uno de los mejores de todos los tiempos. Descansa en paz amigo». Todd Stottlemyre dijo que nunca lo olvidará: que influyó en su vida de una manera positiva ya que «el hacía a todos a su alrededor mejor persona«.

Shawn Green lo definió como su mentor de bateo y de la vida, “nos referíamos a él como Yoda, el verdadero maestro…”. Vernon Wells agradeció haberlo conocido, dijo que personificaba la gentileza y la bondad, y concluyó que el «Cielo es donde pertenece».

Joey Votto, canadiense, actual primera base estelar de Cincinnati, se comportó como un fan más, ya que jugó el partido de la semana con una gorra en la que escribió sin importarle la caligrafía: «EPD Tony. Mi papá y yo te amábamos».

Finalmente cito al contemporáneo rival Ozzie Guillén quien escribió en su cuenta de twitter: “Se nos fue uno de los mejores peloteros de mi época, gracias por todo lo bueno hermano y a enseñarme a competir contra ti, que mejor que tu fueron pocos, descansa en paz, Dios te cuide, y de donde estés cuídame a mí y los míos. Fuiste un señor fuera y dentro de la raya de cal».

En tiempos convulsos, reconforta conocer el aprecio a un dominicano ejemplar, que se ganó su lugar en la historia a base de fe, talento y disciplina, y en los corazones con quien interactuó a base de nobleza y humildad.

Ojalá que su dimensión, contribución y sobretodo su ejemplo le otorgue el nivel de reconocimiento que mereció en vida pero que nunca mendigó; ojalá sea tomado en cuenta para la dedicatoria del próximo torneo invernal dominicano; ojalá los Blue Jays también le retiren la camiseta número 1 con que jugaba, que esta semana se volvió un clamor popular en las redes, bien resumido en el tuit de un señor apellido North: “El más grande jugador, y ser humano en haberse puesto un uniforme de los azulejos. Nadie debería usar el #1 para este equipo nunca. Te amamos, Tony!”.

Por más efímera que sea la gloria del béisbol, incluso la de un hombre, por más limitada que sea la contribución humana en esta tierra, en especial la de un deportista… Si la misma existe,  Fernández parece por momentos haberla atrapado. Por fortuna para él, ahora descansa lejos de toda aquella gloria y cerca de la única que en realidad trasciende, aquella que él había decidido creer y predicar.

En paz descanse Cabeza.

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