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11 de mayo del 2021

Opinión

Abril patriótico

Ricky Noboa. La reflexión que nos ocupó en la Semana Mayor nos hizo pensar en el legado de Francisco Alberto Caamaño Deñó, de cara a un abril patriótico, reconociendo que su memoria trasciende la materia desde el momento que defendió nuestra nacionalidad “acudiendo al llamado de la Patria”, inspirado por la gravitación del espíritu de […]




Ricky Noboa.

La reflexión que nos ocupó en la Semana Mayor nos hizo pensar en el legado de Francisco Alberto Caamaño Deñó, de cara a un abril patriótico, reconociendo que su memoria trasciende la materia desde el momento que defendió nuestra nacionalidad “acudiendo al llamado de la Patria”, inspirado por la gravitación del espíritu de los próceres de nuestra independencia, Duarte, Sánchez, Mella y Luperón, que tocaron su estirpe de hombre en el que habita el fervor patriótico.  Su decisión de enfrentar a las tropas invasoras en 1965 para defender nuestra soberanía, lo coloca junto a los próceres que el emuló mítica y espiritualmente en el Panteón Nacional, al ofrendar su vida por la identidad nacional. Es inconcebible que todavía se analice su presencia en el Panteón Nacional, dándole la espalda al principio de solidaridad y honor que significa vivir en una patria que como exclamó el fundador de la República Dominicana, Juan Pablo Duarte, no tenerla, “es vivir sin honor”.  No importa el vestigio de una osamenta cuando hablamos de conceptos que solo el espíritu puede expresar a través del civismo, el ideal, y el compromiso de dar continuidad a la obra de los forjadores de nuestra nacionalidad. La traición es común en los mortales, la inmortalidad de los héroes se concibe en el valor de los auténticos dominicanos que no negocian su soberanía, porque viven en el simple ciudadano que resiste para alcanzar el ideal democrático, vive en la dignidad de sentirse respetado como nación, en la ilusión de cada joven de desarrollarse en una sociedad libre, en el niño que llevamos de la mano por el camino fértil de los preceptos constitucionales, de la mujer capaz de levantarse con el arma del pudor; y seguirá viviendo en cada corazón que se yergue henchido de orgullo por sentirse dominicano. La presencia de los traidores de siempre nos llevará a que cada día elevemos más alto el bastión de la identidad nacional que ellos representan. A 53 años del glorioso abril de 1965, levantemos nuestro emblema tricolor, como expresión de que la bandera que ellos defendieron, ondeará ¡“más arriba, mucho más”!

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