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14 de abril del 2021

Opinión

Administrar el silencio

Ricky Noboa. La sabiduría de un ser humano está en discernir en voz baja lo que representan las experiencias del diario vivir; esas experiencias que nos tocan a todos, pero que pocos saben apreciar su valor.  La vista, el oído, el gusto y el olfato nos llevan al tacto que hay que tener a la […]




Ricky Noboa.
La sabiduría de un ser humano está en discernir en voz baja lo que representan las experiencias del diario vivir; esas experiencias que nos tocan a todos, pero que pocos saben apreciar su valor.  La vista, el oído, el gusto y el olfato nos llevan al tacto que hay que tener a la hora de enfrentar la irreverencia de la ignorancia que demuestran los que hablan, pero no actúan. Actuar implica discernir e identificar la solución de los problemas para tener la clave en la percepción de lo que nos represente la toma de una buena decisión.  Los que murmuran sus necesidades descubren sus debilidades y los que administran su silencio son los que economizan sus recursos.  Entonces, entendemos que ese es el arte de vivir con calidad porque si de algo está llena la vida, es de la jactancia y vanidad de los que quieren ser protagonistas sin apoyarse en un guion.  El guion de la vida se escribe con realidades que solo ofrece la capacitación en lo que realizamos, porque las realizaciones son la meta de lo que queremos.  Comencemos pues a administrar el silencio y callar ante las banalidades de los que dejan sus ideas en el vacío.  Es tan importante saber que callar, que con el silencio crecemos como personas, cuando discernimos para lograr las virtudes que nos fortalecen.  Como expresara Oswaldo Altamirano: “Callar sobre uno mismo es humildad.  Callar sobre los defectos de otros es caridad.  Callar cuando se sufre es heroísmo.  Callar cuando otro habla es delicadeza.
Callar cuando no hay necesidad de hablar es prudencia.  Callar cuando Dios nos habla al corazón es silencio.  Callar ante el sufrimiento ajeno es cobardía.  Callar ante la injusticia es flaqueza. Hablar debiendo callar es necedad.  Hablar de uno mismo es vanidad”; pero “Hablar oportunamente es acierto. Hablar ante una injusticia es valentía.  Hablar para defender es compasión. Hablar con sinceridad es rectitud.  Hablar para rectificar es un deber”. En definitiva, aprendamos antes a callar para poder hablar con credibilidad porque si la palabra es plata, el silencio bien administrado es oro. Los medios de comunicación alcanzan su máxima importancia cuando lo que se dice a través de ellos es constructivo.  Los medios se fortalecen cuando se callan los hechos irrelevantes que no sirven de ejemplo para caminar en el espacio productivo.  ¡Ojala que así sea!

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