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15 de abril del 2021

Opinión

Ahora nos toca ser solidarios

Soraya Castillo. Desde finales del pasado año, el mundo cambió su curso y nos enseñó nuevas formas de pensar y actuar. Nos mostró distintos ángulos de nuestra existencia terrenal, y a la vez nos dió nuevas fórmulas para afrontar las adversidades. Eso y más hemos aprendido, desde que en febrero de este año que casi termina […]




Soraya Castillo.
Desde finales del pasado año, el mundo cambió su curso y nos enseñó nuevas formas de pensar y actuar. Nos mostró distintos ángulos de nuestra existencia terrenal, y a la vez nos dió nuevas fórmulas para afrontar las adversidades. Eso y más hemos aprendido, desde que en febrero de este año que casi termina supimos del primer caso importado de covid-19 en nuestro territorio. Desde entonces, muchas cosas dejaron de ser iguales: la gente comenzó a tener miedo de salir a las calles, las visitas a parientes y amigos se volvieron cibernéticas y los abrazos y apretones de mano fueron sustituidos por caritas sonrientes enviadas por mensajes de Whatsapp. Millones de personas han muerto en todo el mundo y otros tantos padecen los serios efectos de este virus mortal. Y quienes viven para contar esa amarga experiencia, expresan con tristeza cuán difícil fue asistir a hospitales abarrotados de enfermos, con pocas camas y equipos médicos insuficientes para salvar vidas humanas. Sin embargo, la vida continúa. Ya celebramos el nacimiento del Niño Jesús, un acontecimiento histórico de trascendencia universal, que ahora más que nunca adquiere una connotación especial. Es así, el mundo creyente aclama a cada instante la manifestación suprema de nuestro Señor Jesucristo, para que interceda ante el Padre celestial y haga escuchar el clamor de Sus hijos, que imploran el final de esta crisis sanitaria. Ese mundo angustiado, abatido por la pandemia del Covid-19, pide a Dios que le devuelva la salud, le dé paz y la seguridad que necesitamos. Por esta razón, la Navidad de este 2020 también fue especial, porque los cristianos aprendimos de una manera diferente que Dios es más que nuestro guía indiscutible. Tal y como versa el salmo 91, “el que habita al abrigo del Altísimo, se acoge a la sombra del Todopoderoso”, si creemos de corazón y asumimos al Señor como nuestro refugio y escudo inseparables, seremos capaces de revertir los momentos espinosos y convertirles en fortalezas para seguir adelante. Me sumo a los dominicanos que apoyan los esfuerzos que realizan el presidente Luis Abinader y todo su equipo de trabajo, para afrontar con valentía y determinación admirable las secuelas de esta pandemia en nuestro país. Es tiempo de colaborar, de participar activamente en las acciones oficiales que buscan evitar que más personas sigan muriendo y enfermando. Nos toca ser solidarios con los adultos mayores, con las madres solteras y padres de familias sin ingresos para sustentar las necesidades básicas de los suyos. Que el espíritu de la Navidad nos permita comprender que nos toca ser ciudadanos responsables y actuar en función de las circunstancias actuales. Que Dios bendiga y proteja siempre a la República Dominicana. Feliz Navidad y un año nuevo venturoso y sobrecargado de esperanzas.

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