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15 de abril del 2021

Opinión

Alegres

La alegría navideña es una magnífica receta para atenuar el agobio de esta dura realidad: el sistema ha convertido política en negocio y demagogia populista, los partidos en empresas capitalistas y las elecciones en mercados. Los «tutumpotes» financian, invierten en partidos y candidatos, para sacar grandes beneficios cuando son gobiernos y controlan instituciones del Estado. […]




La alegría navideña es una magnífica receta para atenuar el agobio de esta dura realidad: el sistema ha convertido política en negocio y demagogia populista, los partidos en empresas capitalistas y las elecciones en mercados. Los «tutumpotes» financian, invierten en partidos y candidatos, para sacar grandes beneficios cuando son gobiernos y controlan instituciones del Estado. Los políticos corruptos hacen lo mismo con una parte de lo que se roban y con la otra viven como reyes. Esto opera como conjura para chuparle la sangre al pueblo con la valiosa ayuda de su enorme poder mediático y sobre los cargos gubernamentales que pueden ser usados para enriquecer cada vez más a los ricos y convertir a altos funcionarios civiles y militares en nuevos ricos. ¿Qué cómo se enriquecen? Para ellos es fácil: explotando a los/as trabajadores/as, pagándoles un salario que tiene un precio muy inferior al valor que produce su trabajo; robando fondos del Estado y riquezas naturales al país (dinero, tierras productivas, árboles, minas, arena, playas, agua, bosques; asignándose privilegios escandalosos (sueldos de lujo, botellas, carros, camionetas y jeepetas pescuezo largo, viajes costosisimos, dietas elevadas, exoneraciones…) para beneficio de ellos, sus amigotes y sus familiares más cercanos. Pero hay más: empobrecen aún más al pueblo y al país convirtiendo los bancos, ARS y AFP privadas en fuentes de usura y parasitismo. Se enriquecen saqueando y degradando la naturaleza, apropiándose de lo que es de todos. Y en esa dinámica, si la economía crece, una enorme parte de la riqueza se queda arriba, «boronean» a una parte de los de abajo y los del medio, y aumentan las desigualdades; y si esta se estanca o desciende, los de arriba se quedan igual y le aprietan los cinturones a los/as pobres y muy pobres y a la llamada “clase media”. La depredación causada por grandes corporaciones capitalistas a la Madre Tierra, con sus mineras, granceras, aserraderos, agroquímicos… con sus guerras y pleitos entre países ricos, la sufren los pueblos abusados; mientras, que para el colmo de los colmos, los grandes daños que a una sociedad empobrecida y a una naturaleza depredada, degradada y contaminada… les provocan esas guerras, huracanes, tornados, terremotos, sequías, inundaciones, plagas, crisis económicas, epidemias y pandemias (situación sumamente grave en el caso de la crisis precipitada y agravada por la COVID 19), solo los pagan los de abajo, junto a los pequeños, medianos y microempresarios. Aun así, nadie, nadie podrá robarnos nuestra eterna alegría caribeña. Solo que pensemos cómo ajustarles cuenta a estos atracadores. Por Narciso Isa Conde.

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