República Digital - Indotel Anuncio

21 de abril del 2021

Opinión

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”

Cardenal Nicolás De Jesús López Rodríguez. VII Domingo del Tiempo Ordinario. 19 de febrero de 2017 – Ciclo A. a) Del libro del Levítico 19, 1-2.17-18. El Levítico viene a ser como el ritual de la liturgia judía; en él se contienen unas normas que regulan el culto y unas disposiciones acerca de los ritos […]




Cardenal Nicolás De Jesús López Rodríguez.
VII Domingo del Tiempo Ordinario. 19 de febrero de 2017 - Ciclo A. a) Del libro del Levítico 19, 1-2.17-18. El Levítico viene a ser como el ritual de la liturgia judía; en él se contienen unas normas que regulan el culto y unas disposiciones acerca de los ritos con los que se han de ofrecer los sacrificios, realizar consagraciones u ofrendas, o celebrar fiestas. En este libro se pueden distinguir cuatro grandes partes que son: Primera - Prescripciones sobre los sacrificios (1, 1-7.38). Segunda - La Institución de los sacerdotes (8, 1-10.20). Tercera - La Ley de la pureza ritual (11, 1-16.34). Cuarta - Ley de Santidad (17, 1-26.46). Nuestra lectura pertenece a esta cuarta parte.
En este capítulo 19 nos encontramos con una larga lista de preceptos que a simple vista carecen de unidad, pues hay una mezcla de preocupaciones morales, éticas y religiosas, incluso agrarias, que hoy podríamos llamar ecológicas. Pero a pesar de la variedad de todos estos preceptos, la unidad está dada por una sola preocupación: “Sean santos, porque yo, el Señor, su Dios, soy santo” (v. 2). Cada aspecto de la vida humana, sea religioso, social, moral o ético, se orienta a santificar el Nombre de Dios, con lo cual se adquiere también la santidad personal. Lo novedoso de este capítulo es que entre las preocupaciones de índole religiosa (1-8) y las de índole más general, se encuentra un conjunto de normas que tienen que ver con las relaciones justas respecto al prójimo (vv.9-18) que alcanzan su máxima expresión en el verso 18: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Sabemos que este texto fue citado por el mismo Jesús como el culmen y centro de la Ley y los Profetas, junto con el amor a Dios (Mt. 22,39). Amar a Dios, santificar su Nombre y hacer su voluntad no pueden desligarse del amor al prójimo (al paisano y al extranjero), y del amor y respeto por la creación. b) De la primera carta del apóstol San Pablo a los Corintios 3, 16-23. En estos versículos San Pablo vuelve al tema del principio, él quiere llamar a la unidad de la Iglesia que está amenazada con el problema de las divisiones y escándalos en la comunidad, nos dice: “ que nadie se gloríe de los hombres. Todo es de ustedes: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida y la muerte, el presente y el futuro. Todo es de ustedes, ustedes son de Cristo, Cristo es de Dios”. Estamos llamados a la santidad, pues somos templo del Espíritu Santo, la sabiduría y el amor de Dios que está presente en la comunidad.  No podemos enajenar nuestra libertad de pensar y de actuar ni nuestra conciencia en una obediencia servil a nuestros líderes, ni estos pueden imponernos el silencio, siempre que nos movamos dentro de la tradición apostólica. Teniendo presente que el centro de la comunidad es Cristo, de la misma manera que Cristo hizo del reino de Dios el centro de su vida y su misión por lo que no debemos gloriarnos que no proceda de Dios. c) Del Evangelio de San Mateo 5, 38-48. Con estos versículos San Mateo concluye la primera parte del Sermón de la Montaña, que con las Bienaventuranzas y las seis Antítesis viene a promulgar la carta magna del Evangelio, la constitución del pueblo de la Nueva Alianza. Aquí se presentan las dos últimas antítesis: perdón en vez de venganza, y amor al enemigo en vez de odio. Punto culminante de la doctrina de Jesús. Junto con su lugar paralelo en Lc. 6, 27-38, es una de las páginas de más altura de toda la literatura universal y que inspiró a Gandhi su campaña de la “no-violencia activa”. Es de tal envergadura el giro doctrinal que Jesús propone, que en ello empeña de nuevo su autoridad mesiánica: “Han oído que se dijo a los antiguos pero yo les digo”. Jesús presenta su oposición frontal a la tradición legal de los letrados y fariseos. La Ley del talión se formula al menos tres veces en diversas perícopas del Pentateuco. Vida por vida, ojo por ojo, diente por diente. Es decir, puedes vengarte en la medida en que has sido ofendido: puedes cobrar o pagar con la misma moneda. Hay que reconocer que el espíritu de venganza, una ley del talión a nuestra manera, está enraizado en el corazón humano. Lo demuestran frases como estas: “El que me la hace, me la paga El que ríe último, ríe mejor La mejor defensa, es el ataque”. Para Jesús todo eso queda excluido. No sólo la venganza efectiva sino también el deseo de la misma, hasta llegar a renunciar a la justicia vindicativa y a toda violencia activa, incluso como autodefensa: “No hagan frente al que los que agravia, al contrario” (v. 39). “Amen a sus enemigos” (vv. 43-47). Jesús comienza la antítesis afirmando en la primera parte: “Han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”. Para el judío, según el Levítico, (Lev. 19, 18) el prójimo era el compatriota y el pariente, para Jesús significa toda persona. Todo el que no pertenecía al Pueblo de la Alianza desconocía al Dios verdadero, y era extraño, “enemigo”, a quien no había por qué amar. Ese era el sentido.
Pues bien, Jesús una vez más rompe con la tradición de los rabinos: “Yo, en cambio, les digo: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que les aborrecen y recen por los que les persiguen y calumnian” (v. 44). “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”. Esta conclusión de las seis antítesis es la motivación de todo lo que antecede. Esta es una base ética profundamente religiosa: Imitación del ejemplo de Dios, a cuya imagen está hecho el hombre. El mensaje de Jesús aparece aquí en toda su radicalidad, que revoluciona todos nuestros criterios y valores humanos. Por eso avisa al principio de las seis antítesis: “Si su fidelidad no es mayor (si no son ustedes mejores) que la de los letrados y fariseos no entrarán en el Reino de Dios”, (Mt. 5, 20). Jesús no propone estas normas como meras utopías. Conscientemente excluye toda violencia y malquerencia, pero no una resistencia pacífica, aunque activa por el amor. Perdonar y amar es la gran fuerza del no-violento, la única opción capaz de frenar y destruir la espiral del mal y la violencia. El talante del discípulo de Jesús está, pues, constituido por la no-violencia, como primer paso: “No hagan frente al que les agravia” (Mt. 5, 39) y por el amor activo, en segundo lugar: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los aborrecen” (Mt. 5, 44). Temple, valentía y madurez humana y cristiana, al estilo de Jesús que murió perdonando y amando. Fuente: Luis Alonso Schˆkel: La Biblia de Nuestro Pueblo. B. Caballero: En las Fuentes de la Palabra.  

Noticias destacadas