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11 de abril del 2021

Política

Apostando al caos

El Partido de la Liberación Dominicana no está en su mejor momento. Por eso, gente inteligente que milita en la organización intuye que los vientos de los procesos de persecución de la corrupción afectarán considerablemente su imagen, y su sombrilla protectora en lo inmediato, será trasladarse hacia el litoral de Leonel Fernández. De paso, un […]




El Partido de la Liberación Dominicana no está en su mejor momento. Por eso, gente inteligente que milita en la organización intuye que los vientos de los procesos de persecución de la corrupción afectarán considerablemente su imagen, y su sombrilla protectora en lo inmediato, será trasladarse hacia el litoral de Leonel Fernández. De paso, un Danilo Medina impedido constitucionalmente introduce un componente de posicionamiento hacia el 2024 de potenciales aspirantes que, de arrancada, se perciben sin verdaderas posibilidades de conducir la organización a puerto victorioso. Cometen un error los que subestiman al PLD desde la óptica de asociar sus escasas posibilidades electorales en lo inmediato con incapacidad de reacción frente a la embestida política-procesal que llega y tendrá consecuencias. Lógico es ripostar, básicamente porque una organización con experiencia de poder y recursos económicos abundantes, calcula que sus posibilidades de reciclarse están fundamentadas en agrietar la gestión gubernamental iniciada el pasado 16 de agosto. Cercenados de controlar el escenario de lo ético, porque resulta interesante consignar que la verdadera derrota política del partido morado anda asociada en el convencimiento de amplios núcleos ciudadanos respecto de los alarmantes niveles de enriquecimiento de su dirigencia, el único tramo capaz de posibilitar un relativo  retorno a medianos niveles de respetabilidad de las capas medias y sectores pobres, es en lo referente al tema económico y el crecimiento experimentado durante los gobiernos, pero siempre materia de debate debido a los niveles de desigualdad. No constituye un acontecimiento aislado que figuras esenciales de la dirección del PLD enfaticen el cese de los programas sociales establecidos como resultado de la crisis del covid-19 como punto de partida para crispar los sectores populares, y desde allí, las urgencias diarias por solucionar las necesidades básicas sustituyan la sed de justicia y el impulso por las reformas institucionales pendientes. Es decir, ganar la batalla del estómago como mecanismo por excelencia de posponer tareas históricamente postergadas en las aspiraciones de adecentamiento de la vida nacional que, retorcidas e inducidas por los sectores desplazados del poder, podrían reputarse hasta de show y “persecución” en interés de que los ciudadanos atareados por sus falencias cotidianas salten y pasen la página de la sed de justicia, olvidándonos de llevar hasta las últimas consecuencias a los responsables del memorial de fechorías capaz de transformar un club de miserables en opulentos. En el gobierno no se puede jugar a la subestimación y/o al falso convencimiento de que se controlan todos los resortes de la información de inteligencia. Irónicamente, la actual administración todavía no termina de desmontar el aparato asociado al PLD en la estructura administrativa del Estado, con la desgracia, de que una organización que se mantuvo por 16 años en el gobierno mantiene niveles de influencia en los cuerpos militares, el funcionariado medio y parte del cuerpo diplomático. Además, la estructura de comunicación cercana al pasado gobierno posee los mecanismos de financiamiento para dar toda la cuerda, retorcer información y agitar en las redes, como mecanismo de construir un cuadro que representa la antesala de una ambientación amiga de la crispación de los ciudadanos. La apuesta al caos representa la tabla de salvación del PLD. De ahí su afán en desconocer los esfuerzos de adecentamiento del gobierno, reaccionar ante la voluntad de elegir una Junta Central Electoral sin ataduras ni cuotas partidarias, insinuar de que los procesos de persecución de la corrupción obedecen al desquite del oficialismo y promover la idea de que la reformulación de los programas sociales es sinónimo de divorcio del compromiso con los sectores desposeídos. Es una ambientación bien orquestada, estructurada con la mala intención y sentido de obstruir la gestión surgida de la voluntad popular. Desde el poder se debe gobernar para todos, pero la defensa de la acción gubernamental necesita de un partido fuerte, bien articulado y órgano defensivo frente al interés sedicioso de los que, desplazados democráticamente en las urnas, pretenden ganar con artimañas lo que perdieron en el corazón de los dominicanos. Por: Guido Gómez Mazara.

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