República Digital - Indotel Anuncio

15 de mayo del 2021

Opinión

Apuntes sobre La Envidia (*).

  “Hay que cuidarse de los derrotados del éxito ajeno”. Yaqui Nuñez del Risco. El envidioso es un ser humano que sufre anhelando las cualidades y el éxito que el otro posee y que él sabe, que no las podrá alcanzar. En su página 569 el Diccionario de la Lengua Española dice que la envidia […]




 

“Hay que cuidarse de los derrotados del éxito ajeno”. Yaqui Nuñez del Risco.

El envidioso es un ser humano que sufre anhelando las cualidades y el éxito que el otro posee y que él sabe, que no las podrá alcanzar.
En su página 569 el Diccionario de la Lengua Española dice que la envidia es: “La tristeza o pesar por el bien ajeno”.

Cicerón cree que la envidia es la falta de confianza en sí mismo.
Para Séneca el envidioso reacciona molesto ante la virtud, la posesión de riquezas, de valores, de consideraciones sociales y personales del otro.

El envidioso vive la agonía de sus frustraciones, atrapado en las cadenas y es capaz de difamar, acusar y hasta llevar a la muerte al envidiado. Con un talante de hipocresía y simulación es capaz de difamar a su víctima con argucias y sutiles intrigas, de ahí que Miguel de Cervantes calificó a la envidia como la carcoma de la virtud.

Leonardo Da Vinci consideró que el ser humano tenía sombras y virtudes y que envidia era la sombra y que la envidia solo moría cuando moría la virtud.

Esquilo y Plutarco plantearon que la envidia constituía un trastorno del pensamiento, frecuente y dañino en las relaciones entre los seres humanos.

José Martí, apóstol de la Independencia cubana expresaba: “Triste es no tener amigos, pero más triste debe ser el no tener enemigos. El talentoso y más si tiene bienes codiciables, le hace sombra al envidioso”.

Conocemos de personas vanidosas, de seres humanos llamados comparones, autosuficientes que por su comportamiento son avasallantes y despiertan sentimientos espurios en los sujetos envidiosos.

Los estudiantes brillantes; los profesionales descollantes; el bien parecido; el político triunfador de alto perfil despiertan mucha envidia.

El envidioso dedica gran parte de su tiempo a “tirar chinitas” que significa en la apreciación popular, que no escatiman un solo momento, para desacreditar con infamias al envidiado.

La vida política, económica, social hace que dentro del jet set de los grandes agasajos la envidia se enmascara en falsos homenajes y loas llenas de caretas y superficialidades.

¿Qué podemos recomendar?
Alegrarnos del éxito de los demás.
Imitar las buenas acciones.

Compararnos con nosotros mismos, siempre para superar nuestras deficiencias.

La inseguridad, las frustraciones, los resentimientos, los complejos de inferioridad mal manejados, nos pueden hacer candidatos a ser envidiosos.

Cuando la amistad y la envidia conviven entre dos amigos, más puede, a veces, la envidia destructiva que la amistad sincera.

Detrás de una mirada aviesa (“mal de ojos”), se esconde la envidia, de ahí que el uso de azabaches y amuletos protectores se conocen desde la antigüedad.

Esquilo, 400 años antes de nuestra era dijo: “Pocos hombres tienen la fuerza de carácter suficiente para alegrarse del éxito de un amigo”.
A lo mejor, el asesinato de Abel a mano de su hermano Caín, se debió a la envidia.

El envidioso utiliza la comparación, alimenta su autoestima con su supuesta superioridad y se considera merecedor de los bienes, méritos y distinciones de los demás, lo cual, indudablemente traduce codicia y prepotencia..
(*) Basado en los ensayos del intelectual Guaroa Ubiñas
Renville.

César Mella cesarm2@codetel.net.do

e-mail:

Noticias destacadas