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06 de mayo del 2021

Opinión

Arriba, abajo, en el medio

Orlando Gil orlandogil@claro.net.do/@orlandogildice Nadie respon­derá, pues no se querrá car­gar con la cul­pa ¿Por qué se deja para un mañana lar­go lo que podría hacerse a continuación como parte de lo mismo? Ahora se nombra una co­misión para que acompañe al ministerio de Interior en su pretendida política de se­guridad ciudadana y refor­ma policial. Le […]




Orlando Gil

orlandogil@claro.net.do/@orlandogildice

Nadie respon­derá, pues no se querrá car­gar con la cul­pa ¿Por qué se deja para un mañana lar­go lo que podría hacerse a continuación como parte de lo mismo?

Ahora se nombra una co­misión para que acompañe al ministerio de Interior en su pretendida política de se­guridad ciudadana y refor­ma policial.

Le dieron un plazo de un año, y la situación, de tan explosiva o desesperada, no aguanta tanto tiempo. En un año no se muere el rey ni el caballo, pero sí la gente, y se deteriora el ambiente.

Los lodos son de siempre, y también las lluvias.

Aunque obliga pensar ¿por qué después de tanto afanar y discutir una ley de reforma policial bajo el es­quema de la Constitución del 2010, no se procedió prontamente a elaborar los reglamentos y los protoco­los?

Lo interesante es que esa atribución ya no era de las cámaras, en las que el tiem­po se consume en debates, uno de los tantos trucos pa­ra no hacer lo correspon­diente a cada caso.

Era del Consejo Policial, un organismo rector, pero al parecer integrado por va­gos, pues del 2016 a la fe­cha transcurrieron 5 años.

La buena fe se presume, pero también debe empe­zarse a presumir la mala. La papa, ya fría, pasó a la coci­na de la Policía y no le hicie­ron ni siquiera un escabe­che.

Sorprendente, pero de la legislación solo se consignó lo menos, como si el proble­ma fuera de semántica y no de dirección.

El responsable operativo perdió una categoría año­rada de jefe, sustituida por una condición menos pre­tensiosa de director.

Se habló – creo– de cam­biar el corte o el color del uniforme, una tarea que consideró poner en manos de un diseñador de presti­gio.

Una comparonería era más importante que la apli­cación de las nuevas nor­mas, que se creyó entonces, y por igual ahora, serían fragua de una institución más efectiva, afectiva.

O cercana, como se dice ahora.

Difícil que sea apacible el sueño si se duerme con el enemigo. Las dificultades se creen en la base, pero si mira bien, es en la cúspide.

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