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22 de abril del 2021

Política

Auge y caída de los partidos políticos

Víctor -Ito- Bisonó. A través del Centro de Análisis para Políticas Públicas (CAPP), que presido, organizamos en enero del año 2015 la conferencia titulada “Auge y Caída de los Partidos Políticos”, con el afamado periodista y escritor colombiano, Plinio Apuleyo Mendoza que nos acompañó como ponente. En la misma, el co-autor del “Manual del Perfecto […]




Víctor -Ito- Bisonó. A través del Centro de Análisis para Políticas Públicas (CAPP), que presido, organizamos en enero del año 2015 la conferencia titulada “Auge y Caída de los Partidos Políticos”, con el afamado periodista y escritor colombiano, Plinio Apuleyo Mendoza que nos acompañó como ponente. En la misma, el co-autor del “Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano” y “Fabricantes de Miseria”, compartió con los presentes en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) sus observaciones como testigo de primer orden en el desarrollo de la partidocracia latinoamericana. Esta, tuvo una época de oro conforme nuestros países iban saliendo de los regímenes dictatoriales y asumiendo las elecciones como vía única de acceso al gobierno. En esa etapa, se pusieron de moda los enormes mítines que atraían decenas o hasta cientos de miles de personas, quienes querían escuchar a los caudillos dotados de un aire de misticismo. Fue el tiempo en que la frase de Velasco Ibarra, “Dadme un balcón y seré Presidente”, adquirió valor por todo el continente. Partidos con una plataforma clara que apelaba a segmentos específicos de la sociedad, con identidad inconfundible y definitiva vocación de poder. Ser miembro de estos, más que una expresión de simpatía, se volvía parte de la personalidad de cada quien. Pero eso, como mucho del siglo pasado, ya no existe y por el contrario, lo que vemos es casi animadversión de una cantidad apreciable de ciudadanos hacia los partidos en la región. Basta recorrer país por país para ver esto: en Argentina, el peronismo y radicalismo como partidos ya no polarizan el gobierno y oposición; en Brasil, Bolsonaro puso fin a años de gobiernos del PSDB y PT; en Costa Rica, PLN y PUSC por primera vez quedaron ambos fuera de los dos primeros lugares; en El Salvador, ARENA y FMLN son desplazados en las encuestas; en México, el PRI, PAN y PRD suman menos del 40% tras un dominio histórico. El mismo ejercicio podríamos hacer del otro lado del Atlántico al trasladarnos a Europa. ¿Cómo es que se pasa de aquel fanatismo partidario a la desconfianza actual? Sería difícil hacer un diagnóstico válido para el conjunto de la región puesto que cada país tiene sus particularidades, pero estudiando los casos, encontraremos varios factores en común. Por un lado, la percepción de que las organizaciones se habían convertido en clubes de élites, más interesados en conseguir prebendas para sus miembros privilegiados que el servir como interlocutores del sentimiento nacional. Por otro, la total renuencia a propiciar los mecanismos que permitieran la constante renovación que requiere el mundo cambiante. A esto, la percepción bastante válida de que no hay rivalidades reales basadas en el debate de políticas públicas, sino un teatro para mantener las prebendas que cada cual pueda mantener o ampliar. Entonces, mientras los ciudadanos se van formando mucho mejor, se darán cuenta que mientras ellos si avanzaron, sus partidos se quedaron atrás, lo que lleva a la pregunta de, ¿Para qué nos sirven? Y la respuesta a eso no es muy halagüeña. Ahora bien, República Dominicana podrá estar en una isla, pero no nos encontramos aislados a una realidad regional y global. Los que creemos en la vocación pública como servicio, nos estamos preparando para ese cambio, con la meta de que sea basado en los valores republicanos e institucionales. Quienes se empeñan en vivir del pasado, inevitablemente ahí es que se quedarán.

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