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19 de abril del 2021

Opinión

“Avive el seso y despierte”, señor Gobierno

Pablo McKinney. DEL ESPANTO A LA ANARQUÍA. Uno reivindica la dignidad humana y los humanos derechos sobre mapas y fronteras, como reivindica la libertad y la tolerancia sobre la dictadura y la represión. Pero el respeto a los derechos humanos no puede justificar la arrabalización institucional de un país, porque al final esa arrabalización se llevará […]




Pablo McKinney.
DEL ESPANTO A LA ANARQUÍA. Uno reivindica la dignidad humana y los humanos derechos sobre mapas y fronteras, como reivindica la libertad y la tolerancia sobre la dictadura y la represión. Pero el respeto a los derechos humanos no puede justificar la arrabalización institucional de un país, porque al final esa arrabalización se llevará de cuajo a los derechos y los izquierdos humanos, con todo y humana dignidad incluida. Superada la dictadura, los dominicanos hemos pasado del espanto a la anarquía, de la falta de libertad a un libertinaje, a un desamparo ciudadano tan demoledor, que ya hasta un payaso de apellido impronunciable se atreve a visitar al país, violando las leyes que se lo impiden, para crear un movimiento político que reivindica la sanguinolenta ideología de su abuelo. Y todo permitido sin rubor por un gobierno que disfruta de un gran apoyo popular y dirige una economía estable y en crecimiento. PERO CON REGLAS. La migración extranjera indocumentada -y por lo mismo ilegal- afecta a la otra migración, la legal y al trabajador dominicano, en beneficio de las élites de empresarios negados -con toda impunidad- a cumplir las leyes. El país necesita mano de obra para su agropecuaria y el sector de la construcción. Nadie puede negarlo. Ese trabajador, -haitiano en su inmensa mayoría-, es para la economía dominicana, lo que fueron los dominicanos para la industria manufacturera de los Estados Unidos o para las familias de clase media y alta de la España próspera de los ochenta hasta hace poco. La migración es fundamental para el desarrollo material, cultural y espiritual de los pueblos, la música es el mejor ejemplo de esto. “Si los capitales se han globalizado, cómo no globalizar los seres humanos”, sí, -tiene usted razón, profesor-, pero con orden, con reglas, y con programas de integración social que vayan desmontando siglos de fomento de un odio y una xenofobia racista y sobre todo clasista, que solo conviene a las élites. Precisamente, por obediencia a esa plutocracia insaciable, nuestra partidocracia ha estado negada a aplicar nuestras leyes e imponer el orden. EN LOS ALBORES DEL SIGLO XXI. Las leyes laborales están, la ley de Migración también, pero, extrañamente, todos nuestros gobiernos se han negado a poner orden a una migración que la economía dominicana requiere, y que al migrante y al país le conviene. No ha habido forma ni manera de que el actual gobierno, (ni siquiera porque tuvo la acertada decisión de hacer aprobar Ley 169-14 de Naturalización Especial, que implicaba un Plan de Regularización de Migrantes) se decida a cumplir y hacer cumplir la ley a los insaciables empresarios que viven de la sobre explotación de una mano de obra ilegal. EL ESTADO EN PLAN SHAKIRA  Y ahí están. Por ahí andan. En cualquier parte. Son cada vez más. Llegan en pequeños o grandes grupos. Los traen unas mafias cívico-militares que en absoluta impunidad sirven a las élites de ambos países... ¡es el infierno! Es esa llegada anárquica la que hará cada vez más difícil la integración de los migrantes y acrecentará los problemas de convivencia entre los inmigrantes y los nacionales, lo que ya es caldo de cultivo para una discurso racista, clasista y xenófobo que ha hallado en el odio al otro, su razón de ser y su único discurso, hasta ahora, sin provecho electoral, gracias a la ausencia de una crisis económica, pero sólo hasta ahora. El populismo ultra siempre es una tentación en tiempos de crisis. El Estado dominicano no puede ir por la vida como los monos de Gibraltar (“cerrando los ojos para no mirar”), como el avestruz que la cabeza esconde en la tierra por lo mismo, o mejor, en plan Shakira, que por culpa de Gerard Piqué anda “ciega, sordomuda, torpe, traste y testaruda”. Estamos advertidos y a tiempo. Nunca es tarde para la paz y el entendimiento, “ay, país, país, país”.

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