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11 de abril del 2021

Opinión

Ayuda humanitaria

Ricky Noboa. Hoy día, el episodio que vive el heroico pueblo hermano de Venezuela, nos llama a reflexión. Pensando en el significado de la ayuda humanitaria, entendemos que más que una donación de alimentos y medicinas para seres humanos en condiciones infrahumanas de subsistencia, la ayuda humanitaria debe comenzar en el respeto a los derechos […]




Ricky Noboa.
Hoy día, el episodio que vive el heroico pueblo hermano de Venezuela, nos llama a reflexión. Pensando en el significado de la ayuda humanitaria, entendemos que más que una donación de alimentos y medicinas para seres humanos en condiciones infrahumanas de subsistencia, la ayuda humanitaria debe comenzar en el respeto a los derechos humanos, al margen del ingrediente político que trae las confrontaciones ideológicas de los sistemas de derecha o izquierda, que actúan de acuerdo a los intereses que garanticen su permanencia en el poder político. Una ayuda humanitaria defiende la vida en su lucha por su autodeterminación y el derecho a la libertad constantemente afectada en el capitalismo voraz y el socialismo creador de limitantes, en la medida violentada de administrar la propiedad privada. Cuando la ayuda al ser humano no se le ofrece educándole con el ejemplo de gobernar con principios, valores y honestidad, simplemente se crean las condiciones para sembrar las injusticias, producto de acciones reñidas con el respeto a las normas que rigen un sistema de derecho y de equidad social, que garantice el derecho al trabajo, la salud, educación y alimentación. Los regímenes que repiten la historia de no trabajar en favor de las reivindicaciones institucionales, no tienen moral en el tiempo y el espacio para dar soluciones a las necesidades de los individuos que se les ha coartado el crecimiento en valores, con base en la justa y equilibrada convivencia humana en la sociedad. De ahí se desprende toda la confrontación que hoy afecta la estabilidad de los pueblos, que más que gobernados, han sido defraudados con el ejercicio del enriquecimiento ilícito, la corrupción y la coronación de la impunidad. Hoy vemos a Venezuela sumida en una crisis profunda, dividida en dos facciones como resultado de los gobiernos de derecha, insaciables; y de izquierda, que no representan las genuinas reivindicaciones de igualdad social. Pensamos que la convulsión es mundial e irreversible por la búsqueda de la hegemonía imperial destructora, que solo podrá ser frenada con el surgimiento de hombres y mujeres capaces de reivindicar los verdaderos preceptos de la ayuda humanitaria que proporcione la estabilidad de los pueblos, sustentada en el respeto al imperio de la ley y al derecho a la autodeterminación.

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