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23 de abril del 2021

Opinión

“¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”

Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez. Domingo de Ramos – 25 de marzo 2018 – Ciclo B. Con el Domingo de Ramos damos inicio a  la Semana Santa, actualización de los acontecimientos centrales del cristianismo, la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, que no están separados de los primeros: su concepción providencial en el seno […]




Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez.
Domingo de Ramos - 25 de marzo 2018 - Ciclo B. Con el Domingo de Ramos damos inicio a  la Semana Santa, actualización de los acontecimientos centrales del cristianismo, la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, que no están separados de los primeros: su concepción providencial en el seno de la Virgen María, sus treinta años de vida oculta en Nazaret y sus tres años de vida pública, en que recorrió todas las zonas de Palestina, comenzando por la tierra en que vivió, Nazaret, y toda Galilea, la zona en torno al lago de Tiberíades, el valle del Jordán, sin olvidar sus reiteradas visitas a Jerusalén desde su nacimiento y su infancia. a) Del Profeta Isaías, 50, 4-7. En la primera lectura, leemos el tercer cántico del Siervo del Señor, en el que Isaías pone un acento nuevo, el de ser discípulo, formado en la escucha de la Palabra: “Mi Señor me ha dado una lengua de discípulo, para saber decir al abatido una palabra de aliento”. Su misión es enseñar a todos los que temen al Señor y a todos los que anden extraviados y carentes de claridad. Esta misión no será fácil, tendrá que enfrentar incluso la hostilidad y la agresión física. Sin embargo, él soportará fielmente pues espera el triunfo definitivo que Dios mismo le concederá. Los padecimientos de este siervo tienen algunos aspectos comunes con los de Jeremías (11, 18. 12, 6), pero también tiene cosas muy distintas. Aquí el siervo sufre en silencio, no se lamenta, ni pide venganza contra sus enemigos y perseguidores, como se ve en Jeremías 11, 20. 15, 15; pues sabe que el Señor está de su parte. Desterrado y lleno de vejaciones, azotado, escupido y abofeteado, el siervo supo obedecer al Señor, supo aguantar. Esta lectura de Isaías nos ayuda a comprender los momentos difíciles que vivió Jesús en los días previos a su dolorosa Pasión. Obviamente, el plan de Dios con su Hijo no resulta comprensible a quien carece de fe. Frente a la violencia irracional que se bate sobre Jesús, no olvidemos que hoy también hay hechos irracionales que se baten sobre los que profesan fe en Él. El cristianismo en nuestros días es blanco de odios de quienes profesan otros credos religiosos o anidan rencores extremos contra Jesús y sus seguidores. b) De la Carta de San Pablo a los Filipenses 2, 6-11. Recordemos que la Carta a los filipenses fue escrita durante un arresto en Roma, para agradecerles la ayuda que le habían enviado en varias ocasiones y para exhortarlos a perseverar, a vivir en armonía, a ser humildes y obediente, a ejemplo de Cristo. En los versículos que se leerán este domingo, el Apóstol Pablo, para ilustrar la humildad y entrega total de Jesucristo, nos presenta un himno cristológico con el que las comunidades expresaban su culto de adoración a Jesucristo. Su contenido y forma externa están regidos por el esquema “humillación/exaltación”, de tantas resonancias bíblicas: “delante de la gloria va la humildad” (Proverbios 15, 33) y que en el Antiguo Testamento encuentra su máxima expresión en el canto del Siervo del Señor. San Pablo expresa esta humillación/exaltación de Jesús a través de un proceso de descenso/ascenso, que lo llevó desde una preexistencia en estado de igualdad con el Padre a encarnarse y tomar la condición humana sin diferenciarse de ningún otro hombre. La expresión utilizada por San Pablo es audaz y vigorosa: “se vació de sí mismo”. Este paso de la preexistencia a la historia lo describe el Apóstol lacónicamente, “siendo rico se hizo pobre” (2 Cor. 8, 9). c) Del Evangelio de San Marcos 14, 1-15, 17. El Domingo de Ramos la Iglesia lee en los tres ciclos litúrgicos A, B y C el texto de la Pasión según los Evangelistas Mateo, Marcos y Lucas. El Viernes Santo se lee siempre la Pasión según San Juan. El Cristo de la Pasión según Marcos es el varón de dolores, en la línea del Siervo de Yahvé de Isaías y este relato, es la primera de las cuatro versiones que conocemos. El texto de San Marcos escribió su Evangelio hacia el año 50 del primer siglo cristiano y con toda seguridad fue conocido por los otros tres evangelistas cuando escribieron sus versiones sobre la Pasión. Los relatos de la Pasión del Señor no son simplemente pura crónica de los hechos, sino también kerigma o proclamación e interpretación teológica o de fe cristiana. La Pasión y Muerte del Señor tuvo lugar “por nosotros los hombres y por nuestra salvación”, como decimos en el credo; y se operó mediante la libre obediencia de Jesús al plan salvador de Dios que ama al hombre pecador. Para un cristiano, pues, la semana que se inicia este domingo tiene la máxima importancia, no podemos ser meros espectadores de los acontecimientos salvíficos que vamos a revivir, hemos de esforzarnos por entrar de lleno en las celebraciones y, según las posibilidades, participar en ellas. Desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección la Santa Madre Iglesia nos invita a seguir los pasos de Jesús y luego durante el tiempo pascual que prolonga por cincuenta días el gozo de saber que Jesús, después de experimentar la muerte, reconquistó la vida para nunca más morir. Esa es la verdad que da razón de ser al cristianismo y que lo ha acreditado a lo largo de veinte siglos en que no han faltado, desde los mismos orígenes, despiadadas persecuciones que han dejado millones de mártires. Por eso, hay que decirlo con sencillez, nuestra religión cristiana, a pesar de los que no la han honrado con su testimonio, tiene el aval indiscutible de una legión de hombres y mujeres, de todas las edades, que ha preferido una muerte heroica a traicionar la fe que recibieron en su bautismo.  Y todos ellos han vivido y viven hoy de la fe en Jesucristo, que nos ha salvado y nos invita a acompañarle en su dolorosa Pasión y llegar con él hasta el final de este camino, su gloriosa Resurrección. Jesús entrega su vida en la cruz por amor, un amor que es más fuerte que la muerte y nos da la salvación. Fuente: Luis Alonso Schˆkel: La Biblia de Nuestro Pueblo. B. Caballero. En las fuentes de la Palabra.

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