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12 de mayo del 2021

Opinión

¡Bien por Mateo, el acto a Benito!

Tony Raful.  (A Fidel Soto, Hugo Isalguez, Rafael Santana y Juan Vargas Y Gabriel García Serrano). “Espacios Culturales” es una institución que preside el poeta Mateo Morrison, creada con la finalidad de exaltar los valores nacionales, impulsar el desarrollo de las ideas, estimular la aptitud de servicios, privilegiar la utilidad del concurso humano a toda […]




Tony Raful.

 (A Fidel Soto, Hugo Isalguez, Rafael Santana y Juan Vargas Y Gabriel García Serrano).

“Espacios Culturales” es una institución que preside el poeta Mateo Morrison, creada con la finalidad de exaltar los valores nacionales, impulsar el desarrollo de las ideas, estimular la aptitud de servicios, privilegiar la utilidad del concurso humano a toda expresión social, política, cultural, artística y productiva. En ese entramado viene aportando significativamente a la sociedad dominicana, publicando obras, avivando  vocaciones, dentro de un ordenamiento trascendente de una nueva humanidad, que  preservando los cambios y avances tecnológicos de la Era Digital, asegure concomitantemente los valores de la dignidad de la persona humana.

Resulta imposible abarcar  los merecidos reconocimientos a los dominicanos que  ha llevado una vida sin máculas, y que  han ejercido conductas éticas  en consonancia con sus ideales, con su vocación de  trabajo, con su integración a la producción en diferentes categorías creadoras, sin incurrir en desacatos a normas y exigencias justas en la organización social de la comunidad en que viven, independientemente de las diferencias de opiniones y criterios divergentes coyunturales.

Desde  ese ángulo, siempre es importante resaltar valores positivos, agregar al listado de los renombrados,  figuras públicas ya conocidas, la de otros nombres  cuya estela de vida, sin la rimbombancia de los linajes, son merecedores de menciones en una sociedad que demanda con urgencia ejemplos a seguir, dentro del marasmo y la descomposición que nos azota.

El reconocimiento que hizo “Espacios Culturales” recientemente a Belarmino Fernández Hiciano, Benito, toca sensiblemente a una generación que se integró tempranamente a la lucha estudiantil, a raíz del ajusticiamiento del sátrapa Trujillo a principio de los años 60 del siglo pasado. Parece, y en verdad ha transcurrido mucho tiempo desde entonces, pero las ideas no envejecen sino los hombres, ellas tienen el don mágico de reproducirse, remover las viejas entrañas  del Estado decadente, y augurar, reproduciéndose  con nuevas formas  y adecuaciones, a los cambios operados en todos los órdenes económicos y sociales.

Benito fue continuador en las luchas cívicas, de demandas por la democratización de la enseñanza, por  una educación laica en el sistema educativo, tal y como lo consagró la Constitución del 29 de abril de 1963, por la elevación de los niveles de formación profesoral, por la vinculación del estudiantado secundario e intermedio a las luchas  por la democracia y  la   libertad  contra los atropellos y violaciones  a los derechos humanos y contra el nefasto Golpe de Estado  del 25 de septiembre de 1963,  que tronchó nuestra joven democracia.

Le correspondió  como Secretario General de la Unión de Estudiantes Revolucionarios, junto a la Juventud Revolucionaria Cristiana, coordinar las movilizaciones de los obreros y otros sectores sociales por el retorno a la constitucionalidad. Benito fue continuador del liderazgo a nivel secundario de Leonte Brea González, Amaury Germán Aristy, Henry Segarra, Julio Cesar Defilló Suazo, Julio César Rodríguez (Chubby Spencer), Porfirio García, (Rabochi), César Pérez, Roberto Cassá, los hermanos Salomón, Carlos y Héctor Lama, uno de los cuales, Salomón  fue asesinado por la represión gubernamental, el Chino Bujosa, Johnny Martínez, Otto Pichirilo, Jimmy Sierra y una pléyade de jóvenes idealistas, imbuidos de ideas de redención social y cambios revolucionarios en el Estado dominicano. En la guerra patria de abril de 1965, siendo casi un niño, le correspondió combatir al invasor extranjero y defender la nacionalidad, junto a sus compañeros del glorioso Movimiento 14 de Junio.  Tal  fue su liderazgo, que en el único Congreso estudiantil celebrado por la Unión de Estudiantes Revolucionarios en 1966 en el Instituto Salomé Ureña, fue escogido  por unanimidad  como  Secretario General  y líder de esa combativa organización estudiantil.

La vida de Benito Fernández fue la de integrarse a la lucha por  una nueva sociedad, compromiso asumido dentro del marco opresor de la represión política y la contrainsurgencia, después del retorno al poder del neo trujillismo en 1966, sufriendo cárceles por sus ideas políticas de avanzada y sus compromisos ideológicos.

Benito  se graduó de Abogado y de economista  en nuestras universidades, integrándose a la labor productiva y reiterando en otros marcos de responsabilidad, su colaboración con los cambios democráticos ocurridos a partir de 1978.

Fue de los organizadores de los clubes culturales y deportivos en los barrios de la capital después de la revolución del 65, aquella barrera que no dejó penetrar por muchos años los vicios, las drogas, la vida muelle y fácil de la penetración cultural foránea. Trabajó en programas sociales en beneficio de la población y dirigió el departamento de consumo y alimentos de la Secretaría de  Industria y Comercio. Fue  Viceministro de Cultura, y ha estado permanentemente en todos los frentes donde se defiende la transparencia de las instituciones democráticas del país. Actualmente es funcionario de la Cámara de Cuentas.

Espacios Culturales hace justicia a un dominicano que no ha pedido homenajes, que no se ha enriquecido del Estado, que ha llevado una vida limpia y honesta,  que no ha vacilado en decir presente  en las citas de la historia dominicana de los últimos 55 años.

Quiero concluir estas breves palabras citando una frase del escritor ruso Nicolay Ostrovski, de su obra monumental, “Así se templó el acero”, y que Benito conoció  tempranamente y le sirvió para vivir como ha vivido, de cara al sol, con dignidad y amor por las ideas nobles y permanentes de la humanidad: “ÖLo más preciado para el hombre es la vida y ésta se da una sola vez. Hay que vivirla de modo tal que no sean torturantes y dolorosos aquellos años vividos sin sentido y que no arda la vergüenza por un pasado mezquino que ya ha pasado, para que al morir se pueda decir: toda la vida y todas las fuerzas fueron dadas a lo más bello del mundo: a la liberación de la humanidad”.

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