Con asombro veo a políticos y analistas empeñados en endilgar a las primarias abiertas todos los vicios de los que adolece el sistema de partidos políticos en la actualidad. Arguyen que con este método habrá clientelismo político, influencia de quienes tienen el control del Estado, erosión de la democracia interna partidaria, pérdida de poder de los militantes y una profunda crisis de los partidos. Es decir, para ellos hay un riesgo de que pase todo lo que está pasando desde hace años. Estos son argumentos poco comprensibles. Mientras tanto, los partidos siguen perdiendo legitimidad y apoyo. Es menos compresible aún que se insista en el argumento de dejar a los partidos políticos la libertad de escoger el mecanismo de elección de candidaturas. En sus análisis parecen olvidar que esto es lo que se ha hecho siempre en la República Dominicana y que hasta ahora no se ha podido revertir la tendencia al deterioro de las organizaciones políticas. Solo basta recordar los enfrentamientos, divisiones y muertos en las elecciones internas de cualquiera de los partidos. Parafraseando a un reconocido físico del siglo pasado, si se quieren lograr resultados distintos, no se puede seguir insistiendo en hacer lo mismo. Para enfrentar la crisis de los partidos se requiere de cambios que conduzcan a la implementación de métodos de selección de candidaturas que sean eficientes, transparentes y que garanticen la democracia interna. La Constitución (2010) le da al Congreso Nacional la facultad de definir leyes que garanticen la transparencia y democracia de los partidos políticos. Por lo tanto, la incorporación de las primarias abiertas y simultáneas en la ley de partidos no tiene ningún impedimento constitucional. Más bien este método vendría a enfrentar los serios problemas generados por la manera en que hasta ahora se han estado haciendo las cosas en los partidos. Con este tipo de primarias la organización de los procesos estaría a cargo de la JCE y en tal sentido, habría una mayor eficiencia y confianza en su administración. Al realizarse de manera simultáneas, se reduce el riesgo de que otros partidos o el Estado influyan en unas internas que no les corresponden. Por otro lado, el hecho que sean abiertas, realizadas con el padrón de la JCE, permite superar los problemas creados por los padrones opacos y poco confiables con los que cuentan los partidos. Se garantiza un real ejercicio democrático, pues amplía derechos políticos de los ciudadanos e impide que las cúpulas partidarias, que tienen el control de las estructuras, terminen imponiéndose como ha pasado hasta ahora. En definitiva, esto da mayor espacio de poder y representación al liderazgo relevo.