El carnaval de Río de Janeiro, la mayor fiesta a cielo abierto del mundo, podría tener sus días contados en la "Ciudad Maravilhosa": la alcaldía ha anunciado un fuerte recorte de las subvenciones públicas y las escuelas han amenazado con parar de "sambar". Desde que asumió el poder el pasado enero, el alcalde de Río de Janeiro, el conservador Marcelo Crivella, un obispo pentecostal, expreso siempre su enemistad con el carnaval, pero la batalla tan solo comenzó esta semana, cuando anuncio una reducción del 50% del presupuesto destinado para la preparación y producción de la fiesta. Cantante de gospel y exmisionero, Crivella ha antepuesto su religion a la tradición y el pasado febrero no participo de la ceremonia inaugural del carnaval, algo inusual entre los alcaldes de Río de Janeiro.
Durante la campaña electoral, Crivella aseguro que su fe y los dogmas de la Iglesia Universal a la que pertenece no interferirán en su labor política y llego a prometer apoyo a las escuelas de samba. Meses después y a la luz de la crisis económica que enfrenta la capital fluminense, Crivella, una importante figura de la iglesia evangélica brasileña, ha lanzado una ofensiva contra las escuelas y destinará parte del dinero del carnaval para aumentar el presupuesto de guarderías con convenios públicos. "Todo esto nos exige austeridad y sacrificio. Todos precisan contribuir. La Alcaldía está contribuyendo. Recortamos secretarias, recortamos más de mil cargos políticos. El carnaval precisa contribuir con nosotros y ayudarnos con ese esfuerzo", argumento Crivella. Las escuelas de samba han puesto el grito en el cielo y han dejado de lado su histórica rivalidad para plantar cara al alcalde, quien gano las elecciones en segunda vuelta con el 59 % de los votos. La Liga Independiente de las Escuelas de Samba (Liesa) de Río de Janeiro advirtió que será "inviable" el desfile en el Sambodromo del próximo año si se confirma el recorte y recordó los "enormes beneficios económicos, financieros, de generación de empleo y renta" del carnaval. Río de Janeiro, la ciudad más emblemática de Brasil, recibe millones de turistas durante el carnaval, famoso por sus majestuosas carrozas, su torrente de samba y los despampanantes cuerpos que desfilan por la pasarela del Sambodromo. Pero la libertad que se respira durante el carnaval es cuestionada por muchos evangélicos, quienes aprovechan la festividad para reclutar a fieles y predicar la palabra de Dios. La iglesia católica también ha expresado su malestar con algunos desfiles de carnaval y este año transmitió su disgusto a la escuela del Grupo Especial Mangueira, que llevo hasta el famoso sambodromo Marques de Sapuca una impactante carroza bautizada de "Santo y orixa", que representaba el sincretismo religioso de Brasil. Tras la reclamación de Archidiócesis de Río de Janeiro, Mangueira decidió retirar la carroza en la que aparecía una figura de Jesucristo y un Orixa, dios del panteón africano, durante el "Desfile de los Campeones", que reúne a las seis principales escuelas del carnaval carioca. Ahora, tras la decision de Crivella, los amantes del carnaval han convocado una protesta para presionar a las puertas de la alcaldía de la "Ciudad Maravilhosa" y "no dejar que la samba muera", como dice la emblemática canción de Edson Conceicao y Alo­isio Silva.