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12 de abril del 2021

Opinión

Buen discurso

César Duvernay. El discurso pronunciado al país por el presidente Danilo Medina en ocasión del 173 aniversario de la Independencia Nacional puede catalogarse como bueno. La pieza que en su contexto era una rendición de cuentas, cumplió su cometido en cuanto al detalle de lo realizado el año pasado, el que a su vez completa […]




César Duvernay.
El discurso pronunciado al país por el presidente Danilo Medina en ocasión del 173 aniversario de la Independencia Nacional puede catalogarse como bueno. La pieza que en su contexto era una rendición de cuentas, cumplió su cometido en cuanto al detalle de lo realizado el año pasado, el que a su vez completa lo acaecido en su primer cuatrienio. Avalado en datos, el mandatario se refirió a los puntos resaltables de su administración destacando logros en cuanto a la estabilidad macroeconómica, construcción de infraestructuras escolares y viales, lucha contra la pobreza, creación de empleos, agua potable, electricidad y turismo, entre otros. Pero esos son desgloses comprensibles para este tipo de alocuciones, y por tanto, la calificación positiva que se le da a la pieza se establece por las cosas que dijo fuera del marco de la rendición, como el aumento salarial a los policías y donde tocó importantes temas de preocupación nacional, asumiendo compromisos en cuanto a ellos. Su promesa de que con el admitido caso de corrupción de la multinacional Odebrecht no habrá vacas sagradas y que se llegará hasta las últimas consecuencias, es el punto nodal del discurso y el que lo convierte en bueno.
Y es que independientemente a la calentura de las voces que gritan (con razón) cárcel para los corruptos, en un estado de derecho es al Ministerio Público y no al Presidente que corresponde, y previo al debido cumplimiento procesal, accionar en ese sentido y elaborar los expedientes a ser conocidos por la justicia. Por tanto, al dar garantías para que la Procuraduría actúe sin contemplaciones, Danilo Medina hizo lo que se tiene que hacer. El “caiga quien caiga” frente al tema de Odebrecht se convierte en un grito de guerra contra la impunidad, pero también será el principal reto del Gobierno. Su explicación en cuanto a la lucha de intereses económicos que se esconde detrás de los ataques a las plantas termoeléctricas de Punta Catalina, y su presión para que las mismas sean detenidas, así como su convicción de que hasta tanto no se le demuestre técnicamente lo contrario, las mismas seguirán su cronograma de ejecución, mostró a un gobernante decidido y comprometido con el interés nacional. Medina también manda un útil mensaje a ciertos oídos intolerantes cuando al declararse su aliado, valora las críticas de los movimientos ciudadanos y aterriza al admitir que pese a los esfuerzos realizados, el país tiene todavía muchas tareas y retos pendientes para los que se necesita de la voluntad, el espíritu y el concurso de todos los ciudadanos. Faltaron temas, pero fue un buen discurso.

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