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15 de abril del 2021

Opinión

Cambiar de nombre al país

Forcadell Sergio. (escrito no recomendado para personas serias) Ya sé que de entrada, los políticos, los cuerpos castrenses, los judiciales, los intelectuales y una gran mayoría de ciudadanos que se tienen todo su derecho y orgullo de sentirse patriotas de primera línea estarán calificando el título y la propuesta del escrito de herejía y al iconoclasta que lo hace, de hereje. Después de este primer […]




Forcadell Sergio. (escrito no recomendado para personas serias) Ya sé que de entrada, los políticos, los cuerpos castrenses, los judiciales, los intelectuales y una gran mayoría de ciudadanos que se tienen todo su derecho y orgullo de sentirse patriotas de primera línea estarán calificando el título y la propuesta del escrito de herejía y al iconoclasta que lo hace, de hereje. Después de este primer impacto de indignación déjenme explicarles mi teoría del cambio de nombre que por peregrina  que parezca, no deja de tener muchos puntos donde apoyarse, más de los que uno pueda imaginar. Los nombres de los países surgen en un tiempo y lugar dado y unas circunstancias específicas. Por ejemplo, Castilla por la abundancia de estas edificaciones para defenderse de los enemigos, Andalucía por el reino árabe Al Ándalus que dominaba en esa época, y otros como Venezuela -con todo el respeto de mis amigos los ¨vale¨- con poca o ninguna lógica  pues un disparatado Américo Vespuccio, el cartógrafo italiano, no sabemos de dónde sacó la comparación de las primitivas viviendas de los indígenas construidas sobre el agua, llamadas palafitos, con los fabulosos edificios de la artística e inmortal Venecia. Más lógico será que la hubiera bautizado como Palafitia o en tiempos más actuales Chavezland, Maduranga o algo parecido. Y además bautizó todo un continente con su nombre, apropiándoselo sin esfuerzo alguno y  de manera gratuita. Aquí nos llamamos Dominicana por la influencia de los dominicos en los inicios de la colonia, orden religiosa que ha ido disminuyendo hasta quedar relegada en algunas iglesias y colegios. Y lo de ponerle República de primer nombre ha sido lo más parecido  una ironía o una broma para un país donde ha habido tantas y tan variadas dictaduras, desde la dura y cruel trujillista hasta la política de ahora por los gobiernos del PLD. Y aquí viene la bomba: yo propongo que el país se llame uno de los nombres de la siguiente terna: Pendejolandia, Tontolandia o Bobolandia, que a fin de cuentas vienen a tener el mismo significado, aunque de manera personal me inclino por el primero pues esta acepción es la más utilizada de las tres en nuestro léxico diario. Pendejolandia viene a significar el país de los pendejos y la palabra pendejo según la definición más acertada del diccionario, entre otras, es persona que se caracteriza por ser tonta, y tiene su origen en las palabras latinas ¨pecten pubis¨ y por ello se denomina así de manera anatómica al pelo que pende del pubis. Veamos algunas de las razones en que sustentamos la variación toponímica Díganme si no es de un país de pendejos el que se avise desde las instancias oficiales a un capo del narcotráfico para que se escape antes de detenerlo y a los varios días después no se destituya, procese, o aprese, a nadie por ese chivatazo. Díganme si no es un país de pendejos tener un ministro del interior que se queja de que en una barbería haya aire acondicionado y cámara de seguridad y siga tan whisky-campante en su puesto, no obstante haberla hecho tan fuera del cajón. Díganme si no es de pendejos derrochar 16.000 millones de pesos del presupuesto nacional en escoger unos políticos que en la mayoría de los casos solo funcionan para ellos y sus amiguetes, dinero necesario para tantos otros fines sociales de gran importancia y que nadie se oponga en serio por ello. Díganme si no es de pendejos dejar que un país  caiga en una grave crisis política que afecta el ánimo, la moral de sus habitantes y hasta la marcha de la economía, porque su presidente quiera forzar a toda costa una reelección no permitida en la constitución y todavía se le considere el mesías salvador del país. Díganme si no es de pendejos que se pague un peaje llamado ¨sombra¨ que más bien debería decirse ¨robo¨ que a los dominicanos les cuesta miles de millones año tras año, porque una compañía extrajera muy lista hizo un contrato en el que sus pérdidas las paga el gobierno, y así gana siempre. Díganme si no es de pendejos que el asunto de los Tucanos después de tanto tiempo siga en el aire y aún no haya aterrizado en la pista de la justicia y sus debidas responsabilidades. Díganme si no es de pendejos esperar a que la hiper corrupción de Odebrech que muchos miles de millones nos ha costado se deje  en remojo como las habichuelas y que al final se diluirá como papel en agua, en nada o casi nada. Díganme si no es de pendejos tener unas autoridades, comenzando por el presidente, que ni ven, ni hablan, ni oyen, sobre los gravísimos acontecimientos que convulsionan y desmoralizan a los ciudadanos. Y así podríamos estar pendejeando hasta el infinito. Por ello, mantengo mi tesis inicial respecto a el cambio de nombre a Pendejilandia, más moderno, acertado y sobre todo más sincero, no puede ser. ¿La nueva bandera? El tema lo dejaremos abierto a modo de concurso para ver las opciones más adecuadas que los lectores puedan enviar. Por mi parte propongo una de fondo blanco con un pelo colgando que simbolizaría lo colgados que estamos la mayoría de los habitantes pendejos de este país. Ya  hemos dicho en el subtitular que este escrito no es para personas serias.

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