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06 de mayo del 2021

Opinión

Cambio climático y severas olas de calor

Osiris de León. Durante la segunda mitad del mes de junio recién pasado, estábamos en la histórica ciudad de Roma para dictar dos conferencias relativas al moderno uso de las ondas sísmicas de corte para establecer las respuestas sísmicas de los suelos flexibles, donde la primera de ellas fue dictada en la “7ma Conferencia Internacional […]




Osiris de León. Durante la segunda mitad del mes de junio recién pasado, estábamos en la histórica ciudad de Roma para dictar dos conferencias relativas al moderno uso de las ondas sísmicas de corte para establecer las respuestas sísmicas de los suelos flexibles, donde la primera de ellas fue dictada en la “7ma Conferencia Internacional de Ingeniería Sismogeotécnica”, mientras la segunda de ellas, coordinada y convocada por la embajada dominicana en Roma, fue dictada en la sede del Instituto Italo Latinoamericano (IILA), y al caminar por las calles de Roma tuvimos la desafortunada oportunidad de sentir un calor exterior tan extremo que nos obligó a regresar al hotel para poder soportar el intenso calor que sufría esa hermosa ciudad caracterizada por sus milenarias fachadas de travertino color crema, y por los milenarios adoquines de basalto negro que revisten sus estrechas calles imperiales. Pero, al encender el televisor para estar al tanto de las noticias locales e internacionales, encontramos que ese insoportable calor que acabábamos de experimentar no era exclusivo de la ciudad de Roma, sino que en ese mismo momento, en el sur de Francia, en Gallargues-le-Montueux, cerca de Montpellier, la temperatura acababa de subir hasta 45.9 grados Celsius, siendo la temperatura más alta jamás registrada en Francia, obligando a las autoridades francesas a cerrar miles de escuelas y a despachar a los niños hacia sus casas para evitar muertes por golpes de calor. Al mismo tiempo, la región de Cataluña, España, vecina del sur de Francia, también experimentaba la misma ola de calor extremo, pues en Lleida (Lérida) jamás se habían medido temperaturas superiores a los 40.6 grados centígrados en el mes de junio, ni temperaturas por encima de 43.1ºC en sentido general, pero durante el final del pasado mes de junio la ola de calor subió las temperaturas hasta 41.9°C el día 27, hasta 43.1ºC el día 28, hasta 43.4ºC el día 29 y hasta 41.2ºC el día 30, lo que indica que la ciudad de Lleida (Lérida) acaba de superar su récord térmico mensual dos veces y su récord térmico anual dos veces, lo cual no es normal, a lo que debemos sumar que la máxima temperatura medida en España fue registrada en Córdoba, en fecha 13 de julio de 2017, es decir, hace apenas 2 años, y alcanzó los 46.9ºC. Los reportes internacionales indican que esta ola de calor también se siente en Norteamérica, pues la ciudad de Anchorage, capital del frío estado de Alaska, y ubicada relativamente cerca del círculo polar ártico, acaba de registrar este pasado 4 de julio su temperatura más alta de todos los tiempos, al alcanzar 32 grados Celsius, temperatura similar al clima tropical de Miami o de Santo Domingo, lo cual es absolutamente anormal, ya que los días más calurosos de Anchorage se ubican entre el 22 de junio y el 14 de septiembre, con una temperatura promedio de 14°C, y donde los registros térmicos indican que el día más caluroso es el 10 de agosto, con una temperatura máxima de 17°C, lo que indica que los 32°C medidos este 4 de julio superan en 18°C la temperatura promedio del verano de Anchorage. En Bodega Bay, al norte de California, las temperaturas del final de junio alcanzaron 38 grados Celsius, temperatura suficientemente alta como para que los mejillones se cocinaran vivos en la costa, y se produjera la mayor cantidad de mejillones muertos durante los últimos 15 años; del mismo modo que en Miami la temperatura reportada por el Servicio Meteorológico este pasado 2 de julio llegó a 36.7 grados Celsius, rompiendo su récord anterior de 35 grados Celsius; mientras en el Caribe Cuba alcanzó este pasado 30 de junio un récord absoluto de 39.1 grados Celsius en la estación meteorológica de Granma, superando los 38.8 grados Celsius medidos en abril de 1999, y la República Dominicana registró temperaturas máximas entre 38 y 40 grados Celsius. Esta severa ola de calor indica que cada día los termómetros confirman que las temperaturas están subiendo a nivel global fruto de un cambio climático activado por altos niveles de dióxido de carbono (CO2) acumulados en nuestra atmósfera, los que superan las 410 partes por millón (ppm), provocando que los veranos más calurosos de los últimos 500 años se ubiquen en los últimos 17 años, y que el período más caluroso experimentado por la humanidad lo estemos viviendo desde el año 2014, con temperaturas anuales que marcan récords, estando claro que en los próximos años tendremos olas de calor que serán más largas y más severas que las actuales, y que esas olas de calor afectarán la salud y la calidad de vida de las personas y de los animales, siendo urgente reducir las emisiones globales de CO2, y duplicar la cobertura forestal a nivel mundial.

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