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14 de mayo del 2021

Opinión

Canto a sí mismo

ORLANDO GIL.  Todavía la administración del cambio no llega a siete meses y sus responsables se llenan la bo­ca y hablan maravillas. En pueblos de desmesura, Walt Whitman tiene discípulos, apóstoles, que al igual que él, se cantan a sí mismos. Sin duda, según sus acólitos, la más es­plendida obra de gobierno. El PRM con […]




ORLANDO GIL.

 Todavía la administración del cambio no llega a siete meses y sus responsables se llenan la bo­ca y hablan maravillas.

En pueblos de desmesura, Walt Whitman tiene discípulos, apóstoles, que al igual que él, se cantan a sí mismos.

Sin duda, según sus acólitos, la más es­plendida obra de gobierno.

El PRM con cien días, o seis meses, le ga­na al PLD que gobernó veinte años, y de esos veinte años, dieciséis de corrido.

Lo justo es decirle, como en la canción me­jicana: Ojalá y te vaya bonito.

No obstante, el debate en pie. A un go­bierno que el exceso de ejercicio pinta cua­dritos en el vientre, y que la vanidad con­sume, ahora le descubren que no tiene oposición.

Una forma mezquina de desconocer lo que el régimen considera grandes logros. No es que hace, no es que ha hecho, sino que vi­ve cómodo con el aplauso de los propios y sin rechifla de los extraños.

Aparentemente es un dato, pero la expe­riencia, más avisada, se da cuenta de que es una forma de ser, un temperamento.

Incluso, un afilar cuchilla para su gargan­ta. Así ocurrió con el PLD. El de Leonel Fer­nández y el de Danilo Medina. Se decía que no tenían oposición y de tanto decirlo se con­virtió en una realidad. Nunca una verdad, pe­ro sí una realidad. Parecen iguales, pero se di­ferencian en el destino y en el efecto anímico.

Entonces se entra en otras consideracio­nes. ¿Quién hace o debe hacer de oposición? Un contrasentido, a todas luces.

Si no hay oposición, nadie hace o debe hacer oposición. Aunque subleva que no se anoten las coordenadas, la circunstancia de todos los partidos, y no solo PLD y Fuer­za del Pueblo. Hay sectores políticos que se interesan más por enganchar con el go­bierno o cobrar las migajas vía Presupues­to, que criticar las iniciativas de los actua­les mandatarios.

El PLD solo tiene alma, vida y corazón pa­ra su congreso, que no se sabe si apuesta o lo­tería; y la FP, con el congresito de Franklin de por medio, se conforma con alentar el trans­fuguismo.

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