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21 de abril del 2021

Opinión

Carta pública a diputadas y diputados dominicanos

No los voy a distraer con protocolo. Tengo poco espacio y ustedes poco tiempo. Es posible que hoy mismo tengan, nueva vez, en sus manos la vida y salud de millones de mujeres dominicanas, sobre todo pobres, de barrios y campos de nuestro amado país. Hemos visto tantos casos de personas que llegan a partidos […]




No los voy a distraer con protocolo. Tengo poco espacio y ustedes poco tiempo. Es posible que hoy mismo tengan, nueva vez, en sus manos la vida y salud de millones de mujeres dominicanas, sobre todo pobres, de barrios y campos de nuestro amado país. Hemos visto tantos casos de personas que llegan a partidos y posiciones electivas para hacerse ricos y defender sus intereses, que sería fácil olvidar que, en realidad, la filosofía del Poder Legislativo es hacer leyes que garanticen derechos. Honestamente, desconozco las razones reales por las que ustedes decidieron ser parte del Congreso Nacional y la Cámara de Diputados. No les voy a negar que soy de ese grupo de dominicanos que no se siente representado en muchas decisiones que toman. Pero, considerando que este es un asunto de vida o muerte, ¿Sería mucho pedirles que cuando a sus manos llegue el proyecto del Código Penal que niega la posibilidad de que se salven la vida de niñas y mujeres con embarazos que son condenas de muerte, ustedes lo rechacen? ¿Sería mucho pedirles que piensen en el dolor y drama que implica una violación sexual, tener sexo con tu padre, tío o hermano, para que comprendan lo indigno que es que a ellas se les impida decidir si pueden o no seguir adelante con un embarazo producto de estas terribles situaciones? Yo que soy madre, puedo decirles que la maternidad no se debe imponer, menos en estas circunstancias tan difíciles. ¿De verdad, si fueran sus esposas, hijas y nietas, las dejarían morir con tal de no interrumpir un embarazo que de todos modos no llegará a término, o que fue producto de una violación o incesto? ¡Seamos sinceros! Ustedes pueden llevarlas a buenas clínicas o fuera del país, pero estas mujeres no, ¿por qué legislar entonces de espaldas a ellas? La desinformación e ingenuidad no pueden ser excusas. Ustedes saben que no se trata de instaurar el aborto general, puro, simple y obligatorio, sino de que mujeres, familias y médicos puedan decidir, en función de cada caso, en estas excepciones. Quienes quieran “dejarlo a mano de Dios”, podrán hacerlo. Tampoco pueden alegar ser víctimas de chantajes religiosos. Miren a su alrededor y verán allí en el Congreso a legisladores que, en campaña y en funciones, han apoyado la interrupción del embarazo en estas tres causales, y han sido electos y reelectos, inclusive con votos cristianos. Diputados, ahora tienen otra vez la cancha abierta. El derecho que tienen las mujeres y familias dominicanas a decidir sobre sus vidas está en sus manos. Si ustedes se lo niegan, sepan que este pueblo está cada vez más empoderado, por lo que ahora la historia no los absolverá. Por: Millizen Uribe.

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