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12 de abril del 2021

Opinión

¡Castigo de noche vieja porque nos portamos mal en Navidad!

Por : MIGUEL SANG BEN. Creo que a la tradición autoritaria dominicana identificada con el caudillismo criollo, le corresponde un complemento conductual: el hombre/mujer masa, en la mejor tradición de Ortega y Gasset y que me gusta actualizarlo con la concepción de Hannah Arendt de “los seres superfluos”. Porque somos tan superfluos que como “niños” […]




Creo que a la tradición autoritaria dominicana identificada con el caudillismo criollo, le corresponde un complemento conductual: el hombre/mujer masa, en la mejor tradición de Ortega y Gasset y que me gusta actualizarlo con la concepción de Hannah Arendt de “los seres superfluos”. Porque somos tan superfluos que como “niños” traviesos queremos burlar las órdenes que por nuestro bien nos imparten y por ello, vienen los castigos por violarlas. Es el caso de la pandemia. Son tan sencillas las reglas para prevenir su contacto que a todos nos da rabia, coraje cumplirlas y -confundiendo la gimnasia con la magnesia- exigimos flexibilidad y flexibilidad nos dieron en la Noche de Navidad para celebrarla como si no pasara nada. Pero, algo pasó: abandonamos las medidas de usar mascarillas, el distanciamiento social y el lavarse las manos frecuentemente con el humilde jabón de cuaba. Resultado: aumentaron los números de infectados y las muertes por el Covid-19. Las autoridades, proyectando el comportamiento descuidado de Navidad, concluyeron que en vez de experimentar y por portarnos mal, para la Noche Vieja, nos confinaron y nos quitaron el privilegio de la “libre circulación” hasta las 7 PM y no hasta las 9 PM. ¿Qué es un abuso? Completo. Absoluto. Pero de parte de los ciudadanos, ya que si nos dan la mano, les arrancamos el brazo, pues creemos que es volver a “lo de antes”; lo que no puede ser porque el Covid-19 sigue frente a nosotros, tan campante como el caminador aquel. Los soberbios, arrogantes e inflados despreciadores de las prudenciales medidas de prevención incluye a pobres (con sus “coros” en las azoteas de los barrios) y los ricos (con sus bodas extravagantes), ya que tienen en común creer que están inmunes por el poder de la juventud, del dinero o de ambos. Los occidentales somos los soberbios, ante la disciplina y el comportamiento social. No lo digo yo. Es un libro de Byung-Chul Han, “La desaparición de los rituales”(Editorial HERDER), todo un filósofo coreano educado en Alemania y que produce desde ese país teutón. En su más reciente publicación, compara a las sociedades asiáticas y que han vencido relativamente al Covid-19 con las llamadas sociedades occidentales, que las han empeorado. La respuesta: el comportamiento “cívico” de los asiáticos que ven los pequeños sacrificios, como el uso de la mascarilla, una consideración a los conciudadanos de parte de los enfermos; es por el bienestar de los otros, no por la comodidad propia. ¡Ahí está la diferencia! ¡Somos una sociedad vendida al hiperconsumismo y al hipercapitalismo! No lo digo yo.

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