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20 de abril del 2021

Opinión

CEA: Piñata y tres victimas

Luis Encarnación Pimentel. Cuando los precios del azúcar cayeron en el mercado internacional y los costos de producción no hacían  rentable la operación de los ingenios estatales agrupados en el CEA, los del sector privado pertenecientes a los Vicini y al Central Romana siguieron haciendo negocio y obteniendo beneficios. Como salida a una crisis que […]




Luis Encarnación Pimentel.
Cuando los precios del azúcar cayeron en el mercado internacional y los costos de producción no hacían  rentable la operación de los ingenios estatales agrupados en el CEA, los del sector privado pertenecientes a los Vicini y al Central Romana siguieron haciendo negocio y obteniendo beneficios. Como salida a una crisis que bajó al azúcar de la categoría de ser “la espina dorsal de la economía del país”, se planteó la diversificación de la producción, y mientras Romana lo aplicó con éxito con la crianza de ganado y el cultivo de otros rubros agrícolas, los que manejaban los ingenios estatales se fueron por la vía más fácil del “descuartizamiento” y la depredación  de esos bienes públicos. Hasta a los rieles por donde las locomotoras de muchos años atrás llevaban la caña a moler le hicieron fiesta, los vendieron como chatarra y de ellos no queda ni la seña (¿). Y ni decir de  predios ya sembrados que en tiempos de los Doce Años del doctor Balaguer eran asignados a generales influyentes, para que reportaran la producción al ingenio, enviaran factura y luego recibieran los beneficios, sin invertir un centavo. Ese desorden, para no decir robo y privilegio descarado, ha cambiado de manos, de colores o de matices, pero en la práctica nunca ha desparecido. Luego de la ley de Capitalización y Reforma de las empresas del Estado, el CEA debía desaparecer, pero no fue así, porque se constituyó una inmobiliaria para vender las tierras y, con unos 4 mil empleados improductivos, la venta de algunos ingenios y el arrendamiento de otros a uno que otro vivo, ahí fue que se le dio con fuerza a la “piñata”. Al saberse que el relajo y los escándalos no habían parado ( se vendía una misma propiedad a dos y tres personas), el año pasado el presidente Medina prohibió la venta de las tierras del CEA y creó una comisión evaluadora, con Bautista Rojas a la cabeza. Hay  quien estima en más de 3 mil 500 las tareas vendidas, o sea, más de 2 mil 200 kilómetros, de los 48 mil que tiene la media isla. Esas ventas, por lo menos de unos años para acá, deben ser revisadas por la comisión creada por el Presidente, y el CEA, tal como hizo con  CORDE y la CREEP, debe ser disuelto. Sencillamente, para frenarlas ventas  irregulares de terrenos públicos, que bien deberían ser rehabilitados y sembrados nuevamente de caña, para aprovechar el repunte de los precios del azúcar y evitar tragedias como la ocurrida hace poco en San Pedro de Macorís, donde, en verdad, hubo  tres víctimas lamentables. La primera, fue el matador de los dos locutores, al ser víctima de la indignación y la  impotencia provocadas por un engaño desde una institución del Estado.

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