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06 de mayo del 2021

Opinión

China y Latinoamérica

Manolo Pichardo Les comparto mi primera intervención durante el II Foro de Partidos Políticos China-Celac celebrado en la ciudad de Shenzhen los días 26, 27 y 28 de mayo de este año. Venir a China desde América Latina a un encuentro de orden político que pretende afianzar la cercanía entre ambas naciones (entendiendo a Latinoamérica […]




Manolo Pichardo
Les comparto mi primera intervención durante el II Foro de Partidos Políticos China-Celac celebrado en la ciudad de Shenzhen los días 26, 27 y 28 de mayo de este año. Venir a China desde América Latina a un encuentro de orden político que pretende afianzar la cercanía entre ambas naciones (entendiendo a Latinoamérica como un racimo de países que componen una gran nación), tiene que llevarnos necesariamente a evocar episodios que, desde los dos lados del mundo, han impactado en la vida política, económica y hasta cultural de nuestros ciudadanos y ciudadanas. Así, por ejemplo, sería imposible ignorar en la historia reciente de este gran país, tres grandes momentos que han servido para la construcción y consolidación de China como potencia, como una fuerza que influye de manera determinante en el día a día e influirá en el futuro del planeta tierra. Me refiero a la revolución popular dirigida por Mao Zedong que creó la República Popular China, que puso el poder en manos del pueblo; a las reformas impulsadas por Deng Xiaoping que comenzaron a abrir las puertas a este gigante hacia el desarrollo y las espectaculares transformaciones empujadas por Xi Jimping que van poniendo a este país milenario en el centro de gravitación para la toma de decisiones económicas, comerciales, políticas y diplomáticas a escala mundial, a la par de ir construyendo “una sociedad modestamente acomodada”. En América Latina, por otra parte, se han producido eventos que van desde el afianzamiento de sus procesos democráticos, hasta la creación de esquemas de integración, que aún en sus falencias, apuntan hacia la consolidación de la latinoamericanidad que impulsaron próceres de la estatura de Simón Bolívar, Juan Bosch, Emeterio Betances, Lula da Silva, Hugo Chávez, Rafael Correa; y líderes como Álvaro Uribe, Vinicio Cerezo y otros tantos que en su momento dejaron de lado sus posiciones ideológicas para fomentar la integración de nuestra región. China y América Latina han ido desbrozando el camino hacia el desarrollo desde vías distintas y a distintas velocidades, y se encuentran, en medio de un mundo globalizado y abierto al comercio, frente al desafío que esta realidad nos asigna, conscientes de que el acercamiento nos abrirá puertas hacia las oportunidades. Por ello, desde la Conferencia Permanente de Partidos de América Latina y el Caribe (Copppal), entendemos que el proyecto la Franja y la Ruta, es un ambicioso programa de cara a impulsar el desarrollo y la cooperación, del que no solo debe participar Brasil, que hasta ahora es el único país de nuestra nación que participa, sino que el resto de los gobiernos debe integrarse a este espacio que va construyendo la relación Sur/Sur. Durante siglos de desencuentros, muchas veces dolorosos con el Norte, fuimos marginados de las políticas que diseñaron para someter el resto a su visión, a sus modelos económicos y hábitos culturales que nos convirtieron en espacios de despojo, en ciudadanos de segunda, sin presencia significativa en los lugares de toma de decisiones, por lo que, incluso, el propio diseño de nuestra agenda o destino estaba sujeto a voluntad e interés de ellos. Los giros históricos impulsados por las fuerzas sociales y económicas han planteado una recomposición planetaria que vislumbra una nueva civilización, marcada por innovadoras formas de producir riquezas, por innovadoras formas de distribución y compras de bienes y servicios que han demostrado, sin lugar a dudas, que la capacidad de adaptarse a los cambios ha venido a ser más importante que el poder acumulado por siglos; de ahí la pujanza del Sur y su definición como actor fundamental en la construcción de un estadio civilizatorio con cariz más humano.

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