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23 de abril del 2021

Opinión

Circunstancia y contexto

Orlando Gil. No sería de lamentar, pero sí de considerar, que la declaración conjunta o la reafirmación del compromiso de cooperación y de respeto a la soberanía entre Haití y República Dominicana, se produzca en las actuales circunstancias. Circunstancias políticas, digo, porque lo otro, lo del temperamento de gobierno y pueblo haitianos se conoce de […]




Orlando Gil.
No sería de lamentar, pero sí de considerar, que la declaración conjunta o la reafirmación del compromiso de cooperación y de respeto a la soberanía entre Haití y República Dominicana, se produzca en las actuales circunstancias. Circunstancias políticas, digo, porque lo otro, lo del temperamento de gobierno y pueblo haitianos se conoce de viejo, y en consecuencia, el ánimo de fracaso. Fuera bueno descartar para los fines presentes, las experiencias del pasado, pero – desgraciadamente – en Haití y entre haitianos vale más antes que ahora. Ni siquiera hay que hojear la historia, los capítulos son recientes y solo basta abrir el manual bilateral. Los haitianos no han respetado nada, y la razón de esa pereza es la misma. No solo porque son ladinos, sino porque la legitimidad de sus gobiernos, siempre en cuestionamiento, y la duración, generalmente corta, no garantizan estabilidad. En el documento firmado se reconoce que la vecina república está en medio de una reforma constitucional y se alienta a las autoridades para que el proceso satisfaga las aspiraciones del pueblo haitiano. Sin embargo, los haitianos están colocando leños y preparando una fogata que deberá encenderse el 7 de febrero. Jovenel Moïse difícilmente pase la prueba a juicio de sus oponentes, pues no tiene base política suficiente en el país y la situación en el exterior, particularmente en Estados Unidos, no favorece su suerte. Lo de Trump fue lo que el viento se llevó, y a Biden, aunque los haitianos de su equipo le recuerden,  la casa se le viene encima. No podrá ocuparse de Haití en lo inmediato, de manera que Moïse está en aislamiento  local y global, y solo depende de un auxilio divino. Que los santos de su devoción mantengan o ahonden las diferencias entre los opositores y que las acciones previstas, al no responder a tácticas unificadas, no llenen las expectativas. No cumplan el designio. Para peor, el gobierno dominicano no tiene vocación imperial, y no se atrevería a inmiscuirse e influir en el espíritu de los grupos que acosan a Moïse y se afanan en tumbarlo.

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