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13 de mayo del 2021

Opinión

Cirugía de alto riesgo en el discurso del 27

Raúl Pérez Peña (BACHO). El profesor Juan Bosch fue recurrente citando una proverbial expresión en Cuba, la cual advierte que en muchos  casos las cosas que no se ven trascienden más de las que se ven. Así de sencillo resultó el antológico discurso del 27 de febrero, enfocado para no enfocar el país, obviando sus […]




Raúl Pérez Peña (BACHO).

El profesor Juan Bosch fue recurrente citando una proverbial expresión en Cuba, la cual advierte que en muchos  casos las cosas que no se ven trascienden más de las que se ven.

Así de sencillo resultó el antológico discurso del 27 de febrero, enfocado para no enfocar el país, obviando sus más trascendentes problemas, mientras se colaba sutilmente un rosario de promesas politiqueras como plataforma puntual del afán reeleccionista.

La ciudadanía necesitaba escuchar temas puntuales del presente, pero fueron omitidos entre mareos y mareos, con aplausos artificiales en un ensamble que incluyó un escenario exterior de adeptos.

Ahí no se habló de los sucesivos escándalos de corrupción y de la forrada impunidad que se ha convertido en el denominador común de la conversación callejera, hogareña, entre amigos, en medios de transporte, centros de trabajo, de estudios, etc.

El alto riesgo de una cirugía sucede cuando se advierten complicaciones en el organismo humano intervenido, amén de los riesgos o posibilidad de sobrevivencia del paciente.

El discurso del 27 fue una pieza antológica, considerada digna de análisis en centros académicos y docentes, propia de la oratoria pródiga en cosas que se ven y cosas que no se ven.  Faltó poco para que las promesas incluyeran un segundo piso sobre el territorio nacional con islas, montañas digitales y otras preciosuras contempladas en el diseño de Joao Santana y Mónica la brasileña.

El discurso transcurrió al anochecer febrero, pero ahora estamos en el amanecer de un marzo ambientado por el “cambio climático”, cuando de repente el día menos pensado llueve.

Las nubes lluviosas y sorpresivas “jarinas”, dificultan ver el horizonte que deberán afrontar los mentores y estrategas del discurso del 27.

La mancha morada de corrupción e impunidad no alcanza para asfixiar la indignación de un pueblo que durante todo el año reciente protagonizó multitudinarias movilizaciones en decenas de demarcaciones del territorio nacional.

El oficialismo puede seguir al trote del discurso del 27. Pero como advierte la canción, “está llegando la hora”.

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