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22 de abril del 2021

Opinión

¿Cómo disminuir la desigualdad social?

Margarita Cedeño. Según la OCDE, la brecha entre ricos y pobres está en su punto más alto en la historia conocida. Dentro de este organismo, que agrupa a 34 países con altos niveles de desarrollo, el 10% de las personas más ricas tienen ahora ingresos 9,6 veces superiores a los del 10% más pobre, una […]




Margarita Cedeño.
Según la OCDE, la brecha entre ricos y pobres está en su punto más alto en la historia conocida. Dentro de este organismo, que agrupa a 34 países con altos niveles de desarrollo, el 10% de las personas más ricas tienen ahora ingresos 9,6 veces superiores a los del 10% más pobre, una proporción que en 1980 era de 7,1 veces y en el 2000 era de 9,1 veces. Se está ensanchando la brecha, a pesar de que luego de la crisis financiera y económica de la década pasada, el discurso político y económico se ha centrado en la necesidad de combatir este acuciante problema. Es una realidad compleja en la que Latinoamérica lleva la batuta, pues sigue siendo la región más desigual del planeta. Max Roser, uno de los principales investigadores sobre este tema, ha manifestado su preocupación al ver que este fenómeno sucede, a pesar de que la pobreza ha disminuido en la última década como nunca antes. Entre el 2004 y el 2012, un 23% de la población total de América Latina y El Caribe logró salir de la pobreza. La desigualdad social, como ha dicho el Papa Francisco, requiere de nuestra más enérgica condena, puesto que el modelo económico actual excluye a millones de personas del bienestar y el progreso. ¿Qué podemos hacer al respecto? El estudio de Max Roser evalúa los principales factores que permiten una disminución en la desigualdad social, considerando que los mismos deberían ser áreas donde las políticas públicas amplíen su impacto, para continuar disminuyendo los indicadores de la desigualdad social. Estas áreas son, en primer lugar, la disminución en la brecha de ingresos entre trabajadores calificados y no calificados y, en segundo lugar, el aumento de las transferencias de los gobiernos a poblaciones en condiciones de pobreza. Esto último se refiere a los programas de Transferencias Monetarias Condicionadas, como lo es Progresando con Solidaridad.
Un tercer ámbito, se refiere al hecho de que el mundo está mucho más y mejor educado, en un detonante que lleva a la desigualdad social hacia decrecer considerablemente. Y en un cuarto lugar, el aumento del número de mujeres que forman parte de la fuerza laboral, que en nuestro país ya supera el 41% para el caso del sector formal y el 32% para el informal, aunque aún persiste una considerable brecha salarial de género que ronda el 20%. En gran medida, estas áreas que ha identificado Roser, coinciden con lo planteado por la OCDE, al referirse al beneficio de reducir la desigualdad social. El organismo considera que hay que invertir en 4 áreas prioritarias: participación de las mujeres en la vida económica, promoción del empleo y de empleos de calidad, competencias y educación, y sistemas fiscales y de transferencias para una redistribución eficaz. De esta manera, podremos dar un giro a la realidad de que el 10% de las familias más ricas poseen la mitad de la riqueza total, el siguiente 50% de la población posee casi el 47% de las riquezas, lo que deja al 40% de la población para dividirse apenas un 3% de la riqueza, una realidad de la desigualdad que es igual en casi todos los países de la región. Hay razones para creer que podemos hacer algo respecto a la desigualdad. Es necesario hacerlo, porque la alta concentración de las riquezas limita las oportunidades de inversión y, sobre todo, las de bienestar para los ciudadanos.

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