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18 de mayo del 2021

Nacionales

Comunicado: A la Nación

Andrés Dauhajre Hijo. A raíz del reportaje en el Miami Herald del pasado 25 de junio firmado por Sasha Chavkin y la difusión el día siguiente de El Informe de Alicia Ortega, considero necesario ofrecer las siguientes explicaciones. En primer lugar, el rol de la Fundación Economía y Desarrollo en el proceso de evaluación de […]




Andrés Dauhajre Hijo.

A raíz del reportaje en el Miami Herald del pasado 25 de junio firmado por Sasha Chavkin y la difusión el día siguiente de El Informe de Alicia Ortega, considero necesario ofrecer las siguientes explicaciones.

En primer lugar, el rol de la Fundación Economía y Desarrollo en el proceso de evaluación de las ofertas económicas durante la licitación de la Central Termoeléctrica Punta Catalina, fue similar al desempeñado por las empresas BNP Paribas Securities Corp. y Deloitte RD. La máxima puntuación al Consorcio Odebrecht-Tecnimont-Estrella (“Consorcio OTE”), 50 puntos, fue otorgada por BNP Paribas; Deloitte otorgó 48 y la Fundación 48.23. El modelo de evaluación económica, si un sólo Consorcio aprobaba la etapa de Evaluación Técnica, obligaba a las firmas evaluadoras de las ofertas económicas a otorgar 50 puntos a dicho participante. Dado que el Consorcio OTE fue el único que obtuvo 40 o más puntos en la Evaluación Técnica realizada por la reputada empresa estadounidense Stanley Consultants, las tres firmas contratadas para realizar la Evaluación Económica solicitaron a la CDEEE permitir la inclusión en el análisis de un competidor virtual: el precio de una tecnología similar estimado por la U.S. Energy Information Administration. La recomendación fue acogida y las tres firmas evaluadoras, asignaron las puntuaciones mencionadas anteriormente. En consecuencia, las puntuaciones otorgadas por las tres firmas que realizaron la Evaluación Económica no resultaron determinantes de la escogencia del ganador de la licitación, pues al haber aprobado la etapa de Evaluación Técnica un solo Consorcio, este debió recibir la totalidad de los 50 puntos en la Evaluación Económica, puntuación que fue otorgada únicamente por BNP Paribas.

En realidad, la empresa determinante del ganador de la licitación fue la estadounidense Stanley Consultants, la cual otorgó a la oferta técnica del Consorcio OTE una puntuación de 48.95 puntos. Los restantes consorcios obtuvieron una puntuación por debajo del mínimo de 40 puntos requerido para poder pasar a la etapa de Evaluación Económica. En el Reporte presentado por la firma estadounidense de investigación forense FTI Consulting, del 29 de junio de 2017, se indica que “FTI encontró que la calidad general de la propuesta técnica de Odebrecht fue superior a los otros tres licitadores. Los representantes de Stanley Consultants en una entrevista con FTI, dijeron que la propuesta de Odebrecht era la mejor oferta que habían visto en comparación con cualquier otra propuesta en cualquier proyecto en el que alguna vez habían estado involucrados.”

En segundo lugar, en enero de 2014, dos meses después de haber concluido la licitación, ejecutivos de Odebrecht me solicitaron la prestación de servicios de consultoría financiera con el objetivo de presentar una serie de opciones y alternativas que permitiesen reestructurar la propuesta original de financiamiento que el Consorcio OTE había presentado durante la licitación. Estas opciones de financiamiento serían utilizadas por el Consorcio para cumplir con su rol de asistir al Gobierno en la búsqueda del financiamiento del Proyecto. Me explicaron que esa reestructuración era necesaria ante el retiro inesperado de la principal fuente de financiamiento que habían propuesto: el US Eximbank, entidad que se había comprometido a prestar US$847 millones (US$741 millones para inversión directa) para la ejecución del Proyecto. El 12 de diciembre de 2013, la administración Obama anunció que el Eximbank no otorgaría nuevos financiamientos para plantas de carbón. La propuesta original de financiamiento presentada por el Consorcio OTE durante la licitación, además de los US$741 millones del Eximbank, incluía US$656 millones del BNDES de Brasil y US$337.7 millones de KFW/HERMES, para un total de US$1,734.7 millones, equivalente al 85% del costo total del Proyecto. De esas tres facilidades inicialmente propuestas, el Proyecto no recibió un solo centavo.

A final de enero del 2014, Baker Street Financial Inc., una sociedad incorporada en febrero de 2003 en la que soy su beneficiario único, y Fincastle Enterprises Ltd., filial de Odebrecht, firmaron el contrato de servicios de consultoría financiera. Los servicios fueron prestados con eficiencia durante 2014 y 2015. Una buena parte de las opciones elaboradas fueron presentadas por la empresa líder del Consorcio al Gobierno, el cual acogió favorablemente aquellas que entendían convenientes. Los pagos realizados por Odebrecht a la empresa Baker Street Financial tienen su origen en los servicios profesionales prestados.

Quien suscribe no era en ese momento ni ha sido en los últimos 18 años funcionario público. Por tanto, no tenía impedimento alguno para proveer un servicio de consultoría privada a una empresa privada que mantenía relaciones comerciales y contractuales con muchas empresas y proveedores de servicios en todo el mundo. Para quien suscribe fue un honor y un privilegio prestar servicios de consultoría a Odebrecht, en aquel momento, la empresa global de ingeniería y construcción más grande y prestigiosa de Latinoamérica, con una nómina global de 168,000 empleados. En base a mi experiencia de trabajo con expertos de organismos internacionales como el Banco Mundial, BID, FMI, PNUD, USAID y con bancos globales de inversión como JPMorgan, Morgan Stanley y Goldman Sachs, entre otros, puedo asegurar que el personal técnico de Odebrecht con el cual interactué durante el tiempo que presté los servicios de consultoría era de clase mundial.

En tercer lugar, la investigación realizada por Chavkin y Ortega señala que, en artículos publicados en El Caribe en el 2017, planteé que el precio ofertado por el Consorcio OTE durante la licitación, no estaba sobrevaluado. Esa es una posición que mantenía, mantengo y mantendré siempre. Desconocemos el porqué los periodistas investigadores, teniendo a mano el Reporte, omitieron señalar en el Herald y El Informe, la conclusión a la que llegó la firma estadounidense FTI Consulting, cuando señaló que: “basado en nuestro estudio, encontramos que Punta Catalina tiene un costo menor de aproximadamente un 6% menos que el promedio de nuestra muestra utilizada basada en otras plantas similares en Latinoamérica. FTI concluye que la propuesta para la construcción de Punta Catalina estaba dentro de un rango aceptable de costos en comparación con otras plantas similares”. Pasaron por alto, además, la respuesta sobre el precio ofertado por el Consorcio liderado por Odebrecht que la firma estadounidense Stanley Consultants dio durante el interrogatorio del 2 de febrero de 2017 practicado por la Comisión Investigadora del Proceso de Licitación y Adjudicación del Contrato de EPC de la Central Termoeléctrica Punta Catalina: “Luego de que el consorcio liderado por Odebrecht pasó a la etapa de las ofertas económicas, la CDEEE nos preguntó si ese precio no nos parecía excesivo. La respuesta que le dimos es que el precio es razonable. En nuestra experiencia, con plantas que hemos diseñado hemos tenido precios similares.” Como se puede observar, no sólo la Fundación y quien suscribe catalogaron de razonable el precio ofertado por el Consorcio OTE; también lo hicieron BNP Paribas, Deloitte, FTI Consulting y Stanley Consultants.

El reportaje en el Herald y el programa El Informe mencionan un apartamento de 104 mts.2 que Baker Street Financial compró en diciembre del 2015 en New York, pagado con parte de los ahorros de más de 30 años de mi ejercicio profesional. Tres de mis cuatro hijos estudiaban o trabajaban en New York en ese momento y tomé la decisión de hacer esa inversión. Baker Street Financial había comprado en el 2009, aprovechando la crisis financiera que desplomó los precios de los bienes raíces en EUA, un apartamento de 122 mts.2 en Miami, mencionado en una segunda publicación del Herald el jueves pasado, bajo la firma de Ben Wieder, Kevin Hall y Alicia Ortega, en la cual afirman que provengo de una familia prominente.

Mi nombre es Andrés Dauhajre, nieto de Salomón, emigrante sirio que llegó a República Dominicana en 1907, teniendo como activos únicamente el deseo y las fuerzas de trabajar. Sus primeros ahorros los generó cargando gasolina en el puerto de Santo Domingo. Poco a poco fue acumulando un capital que le permitió fundar en 1911, La Flor de Damasco, en la Ave. Mella esquina José Reyes, que dio origen luego a la Central Damasco y finalmente, a la Nueva Damasco. Soy nieto de Laila, emigrante libanesa con la sangre más fenicia que ha pisado esta cálida tierra y una de las mujeres más trabajadoras que ha conocido la Ave. Duarte en toda su historia. Salomón trabajó incansablemente durante 46 años para brindar la mejor educación posible a sus hijos, incluyendo a mi padre Andrés. Laila, la madre de Odette, mi madre, trabajó más, pero las circunstancias impidieron a Odette continuar sus estudios más allá del 6to. de primaria; empezó a trabajar antes de cumplir 10 años. Mi padre, cirujano general especializado en los hospitales de la Universidad de New York, tuvo que abandonar la profesión que amaba para dedicarse al comercio y poder darnos la mejor educación posible. Mi madre trabajaba en la mañana y en las tardes se transformaba en la mejor maestra del mundo. De ahí vengo yo. De una familia, de un hogar donde se valoraba el trabajo intenso, la educación al más alto nivel y, sobre todo, el ahorro. Empecé a trabajar en La Novia de Villa, la tienda fundada por mis padres en 1960, en las tardes de 1971, cuando cursaba el bachillerato en el Colegio De La Salle. Me gustaba vender telas de tapizar y los manteles plásticos de RD$1.00 los días antes de la Navidad. A veces pienso que eso me ayudó a vender los US$500 millones de bonos globales inaugurales de República Dominicana el 20 de septiembre del 2001, una semana después del ataque terrorista que destruyó el World Trade Center. Perdón, me salté que obtuve mi Ph.D en economía en la Universidad de Columbia en 1983, el primero en graduarse de nuestra promoción.

Debo corregir a los investigadores. No vengo de una familia prominente. Vengo de una familia de trabajo, que a la fecha acumula conmigo 112 años de trabajo intenso y que se prolongará hasta que Dios lo permita, pues la palabra retiro no aparece en el diccionario de nuestra familia. Muchos en el país saben de lo que estoy hablando y reconocen que llevo 35 años de ejercicio profesional ofreciendo servicios de consultoría económica y financiera a decenas de empresas nacionales e internacionales, a organismos internacionales y a entidades del sector público dominicano. Y promoviendo y defendiendo a la Nación que con calidez acogió a mis antepasados. Aquí concluyo. Tengo que regresar a lo que he hecho toda mi vida: estudiar y trabajar.

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