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19 de mayo del 2021

Opinión

Concorde, avión único en su clase

Ellis Pérez. Los primeros esbozos de diseño del Concorde tuvieron lugar en la década de los 50, culminando el primer prototipo en 1969.  El primer vuelo comercial tuvo lugar en el 1976, operando ininterrumpidamente por un período de 27 años, realizando su último vuelo en el año 2003. El Concorde se convirtió en objeto de […]




Ellis Pérez.

Los primeros esbozos de diseño del Concorde tuvieron lugar en la década de los 50, culminando el primer prototipo en 1969.  El primer vuelo comercial tuvo lugar en el 1976, operando ininterrumpidamente por un período de 27 años, realizando su último vuelo en el año 2003.

El Concorde se convirtió en objeto de curiosidad y admiración en todos los aeropuertos a los que llegaba. Recuerdo haberlo visto por primera vez en el Kennedy de Nueva York. Era casi imposible no prestarle atención.  Corría el año 1979 cuando ya estaba en pleno funcionamiento la Secretaria de Estado de Turismo, después de haber sido una Dirección General.

Acompañé al Secretario de Turismo Víctor Cabral, a lo que sería el primer pabellón oficial de Dominicana en la que ya se conocía como la más importante feria turística del mundo, la ITB de Berlín.

Ya para el viaje de regreso, en Berlín, Víctor me planteó: Ellis, nosotros tenemos dos boletos en primera clase para el regreso, que te parece si pagamos personalmente, la diferencia en la pata Londres/Nueva York y cruzamos el Atlántico en el Concorde.  Así lo hicimos.  Al entrar al avión en Londres pude notar que su interior era mucho mas estrecho de lo que yo esperaba.  Eran 25 filas de cuatro asientos, dos a cada lado, para un total de 100 pasajeros, todos en una sola clase: Concorde Class. Las ventanillas eran pequeñitas, el espacio era escaso, pero, cada detalle y el ambiente general eran de clase muy especial. El capitán nos indicó que se elevaría a media potencia y que no llevaría los motores a máxima capacidad para alcanzar la mayor velocidad, que llegaría a ser MACH 2, o 2,140 kilómetros por hora, hasta después de haberse alejado de las costas de las islas inglesas, para disminuir la perturbación de ruido que creaban los motores en su máxima potencia. Cuando esto sucedió pudimos sentir el jalón hacia delante que se produjo al tomar esta acción. Al alcanzar la altura de crucero de 60 mil pies mirando hacia afuera resultaba notable el grado de oscuridad que había adquirido el cielo, aunque estábamos en el medio día. Al llegar a Nueva York, el capitán indicó que con las 3 horas y 18 minutos que había durado ese vuelo, el Concorde acababa de establecer un récord de tiempo de cruce del Atlántico.

Tres años más tarde, en marzo del 1982, ya como Secretario de Estado de Turismo, yo encabecé la delegación de dominicanos a la ITB de Berlín. Francia vino conmigo. Ya para el regreso le dije, vamos a hacer lo mismo que anteriormente hice, pagar la diferencia para cruzar el Atlántico de Londres a Nueva York.  Nuestro Vuelo de Frankfurt a Londres tuvo un ligero retraso de salida, por lo que al llegar al aeropuerto Heathrow y abrirse la compuerta del avión, entró un señor con una libreta en la mano y exclamó ¡favor de identificarse los señores Pérez! Lo hicimos rápidamente. Nos dijo: Concorde Service , vengo a facilitar su trasbordo para que no pierdan su vuelo. Nos cruzó rápidamente por inmigración para llevarnos hasta la puerta del Concorde que estaban a punto de cerrar, solo esperaban por nosotros. Al sentarnos en el avión Francia y yo respiramos tranquilos, ya con una copa de champagne en las manos.  Recuerdo que en ese vuelo regresaba el famoso tenista norteamericano, Roscoe Tanner, que acababa de tener una exitosa presentación en Londres, el capitán reconoció su presencia.  Me sentí sumamente contento de que la experiencia de carácter único que yo había experimentado previamente volando el Concorde ahora la podía compartir con Francia de manera que ella quedara enriquecida con esa vivencia.  Al llegar a Nueva York el capitán anunció que el vuelo había tomado 3 horas y 23 minutos, 5 más que mi vuelo anterior.

¡Hoy echamos de menos el Concorde!

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