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10 de mayo del 2021

Política

Condena a conducta antisocial y violenta

Por JULIO MARTINEZ POZO.      La señora Chantal Ohnona, madre de Gabriel Villanueva, condenado a veinte años de prisión por la muerte de su ex novia Andrea Celea,  declaró que ha sido la presión mediática y no los hechos, los que llevaron a dictaminar el caso como  homicidio, y no como suicidio. Si Villanueva no cometió el crimen, como […]




La señora Chantal Ohnona, madre de Gabriel Villanueva, condenado a veinte años de prisión por la muerte de su ex novia Andrea Celea,  declaró que ha sido la presión mediática y no los hechos, los que llevaron a dictaminar el caso como  homicidio, y no como suicidio.

Si Villanueva no cometió el crimen, como ha sustentado su defensa, no fueron los medios sino su trayectoria, la que ha terminado exponiéndolo a pasar en la cárcel los años de juventud.

Pruebas de que haya cometido el hecho no son contundentes, sin embargo, dejaba poco espacio a la duda el que fuera capaz de hacerlo. Las juezas echaron manos de un dato que parece evidenciar la acción culposa del acusado: la forma en que fue hallado el cuerpo sugiere un movimiento parabólico provocado por una fuerza externa.

Es evidente que si el acusado no tuviera adornado por un pasado que ilustra una conducta antisocial y violenta, las magistradas Craribel Nivar, Yisell Soto y Deiby Peguero, habrían tenido un rompecabezas mayor para decidir.

El tribunal escuchó a la administradora del condominio donde residió Villanueva, contar todos los dolores de cabeza que el inadaptado condomine les producía a ellas y a otros vecinos. Que con frecuencia se les llamaba la atención por los gritos y escenas violentas en su apartamento.

Incluso se testificó que intentó agredirla, y en el área de la terraza de la habitación de la que se produjo la precipitación de  Celea, los objetos fueron hallados como si se hubiese producido algún forcejeo.

El cuerpo de la víctima mostraba señales de agresión y se sabe que ambos eran consumidores de estupefacientes.

En definitiva nada influía  más en las juezas que la conducta del imputado, porque ampararse en las nebulosas de un hecho que nadie presenció y sobre el que no hubo videos para obviar una condena por homicidio, no las exponía sólo a cuestionamientos mediáticos para lo que los juzgadores deben estar preparados y que no deben condicionar sus decisiones, sino a un peligro mayor:

¿Qué pasa si un individuo con ese perfil queda en libertad y en el futuro de ve involucrado en cualquier otra ocurrencia similar?

Toda la culpa se achacaría a la justicia que tuvo la oportunidad de aleccionarlo y no lo hizo.

El comportamiento posterior a la tragedia también sugiere culpabilidad: huir del lugar sin auxiliar a la víctima, cargar con su teléfono móvil y borrar todos sus datos, muestran muy escasa empatía y sensibilidad humanas.

¿Se puede actuar cómo lo hizo Grabriel Villanueva siendo inocente?

En Italia, con una señora llamada Amanda Knox, ocurrió algo similar. Apareció muerta en una escena que mostraba violencia, su compañera de habitación. Ninguno de los hallazgos la asociaban al hecho, pero la conducta mostrada frente al acontecimiento resultó totalmente discordante  y eso la llevó a ser juzgada y condenada, pero con los años  quedó evidenciada su inocencia.

Sobre el hecho Malcolm Gladwell cuenta lo siguiente:

“Knox era para aquellos que no la conocían, desconcertante. En el momento del crimen tenía veinte años y era preciosa, con pómulos prominentes y unos impresionantes ojos azules. Su apodo era Foxy Knoxy. Los tabloides hallaron una lista de todos los hombres con los que había tenido relaciones. Era la mujer fatal, atrevida y sensual. El día después del brutal asesinato de su compañera de piso, se le vio con su novio, comprando ropa interior en una tienda de lencería”

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