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13 de mayo del 2021

Opinión

Conferencia en almuerzo casc

Celso Marranzini. Esta es la tercera parte de la conferencia ofrecida en el almuerzo de la Confederación Autónoma Sindical Clasista.  Winston Churchill decía que “muchas personas veían al empresario como al lobo que hay que abatir, otros muchos lo miran como la vaca que hay que ordeñar y muy pocos lo miran como el caballo que […]




Celso Marranzini.

Esta es la tercera parte de la conferencia ofrecida en el almuerzo de la Confederación Autónoma Sindical Clasista.  Winston Churchill decía que “muchas personas veían al empresario como al lobo que hay que abatir, otros muchos lo miran como la vaca que hay que ordeñar y muy pocos lo miran como el caballo que tira el carro”.

Y esto es tan claro, que, sólo hace unos días, el alcalde de Haina hacía fuertes críticas al empresariado, hasta nos tildaba de tacaños y de escudarnos en las leyes de zona franca para no pagar arbitrios al Ayuntamiento.

Ojalá todos los dominicanos nos escudemos en las leyes, ese día tendremos un país mejor. Acusar al empresariado de esa importante comunidad de no contribuir, es no conocer el Politécnico construido a un costo de 50MM; hemos graduado a miles de técnicos que hoy laboran en las empresas de Haina, no en las bancas de apuesta. Es no conocer las cañadas que hemos reparado, los operativos médicos, las casas reparadas, las calles alumbradas, construcción de dos estaciones de bomberos, reparación de viviendas y muchas actividades más.

¿Al alcalde le preguntaría que, en qué han contribuido las bancas de apuesta al desarrollo de Haina? En el noticiario de Roberto Cavada, Carolina Santana, joven e inteligente periodista, comentando la aberración de que en el presupuesto para el 2019 se aumenta el número de bancas de apuestas para completar el presupuesto de educación y decía “las bancas aportan poco o nada, sólo sacan dinero del bolsillo de la gente, las más de 110,000 bancas, entre las formales e informales, apenas aportan el 0.28% de las recaudaciones de la DGII, ganan más que los sectores productivos que sí son productivos”.

Sólo un dato para el alcalde, los empresarios sólo en el impuesto a los cheques aportamos el 0.15% y debemos llevar nuestras operaciones transparentes frente a la ley de lavados de activos, a la cual inexplicablemente las bancas de apuestas quedaron exentas. Cosas de mi país.

Un tuit de uno de mis seguidores decía “lo peor de nuestra sociedad se escuda en la municipalidad”. No soy tan extremista, aunque de acuerdo con el amigo, pienso que hay muchos serios como en todos los sectores.

Hablemos entonces de salario. Lo primero, es que yo no creo en salarios mínimos, cada empresa conoce su situación y debe, de acuerdo con sus posibilidades, mejorar las condiciones de sus colaboradores. Reconozco que los mismos son muy bajos y son una de las consecuencias de que de cada tres dominicanos uno está por debajo de la línea de la pobreza. Pero no es la única razón, ya he planteado otras que tienen mucho impacto también.

La carga social en nuestro país es muy alta. De cada peso de salario que se paga debemos aportar sesenta centavos, lo cual crea una carga enorme para las empresas, especialmente para las pequeñas y medianas y a las grandes intensivas en mano de obra.

Gabriel decía hace unos días, en unas declaraciones donde reclamaban un salario mínimo de RD$20,000, que lo que paga un empresario en seguridad social, INFOTEP, seguro de accidente laboral, etc., lo carga al producto. Ahí es dónde viene el error, competimos en una economía abierta donde todos los factores inciden entre el producto nacional y el importado. Guatemala, por ejemplo, de cada quetzal que paga el empleador, sólo paga 0,32 centavos a la seguridad social. La mitad que en nuestro país, entonces sus productos son más baratos y desplazan la industria y los empleos.

Pero esto no justifica que Gabriel no tenga razón en cuanto a su demanda, porque mientras tanto muchos en el gobierno y sector privado exhibimos una bonanza que insulta frente a una pobreza que saca las lágrimas.

El mantener una moneda sobrevaluada, que ha promovido las exportaciones, ha sido otro motivo que de alguna forma ha incidido en mantener salarios bajos, sin mencionar que la extensa mano de obra extranjera ilegal deprime los salarios que los dominicanos debían estar recibiendo, para que sus familias puedan llevar una vida digna.

¿Entonces, qué hacer para mejorar los salarios? ¿Enfrentarnos cada dos años en el Comité de Salarios, dónde ustedes piden un aumento del 50% y nosotros ofrecemos un 5%?

Eso no resuelve la situación. Lo que tenemos es que exigirnos todos es ser más eficientes, competitivos en el transporte que incide en nuestros costos, tanto terrestre como marítimo. Exigir y aprovechar que ya pronto se acercan las elecciones, que los políticos dejen las rebatiñas y nos presenten planes de cómo reducir los costos de una economía donde el empresario paga por servicios que no recibe y que debe proporcionarse por su cuenta.

Exigir el cumplimiento de las leyes que tanto trabajo nos da, y eso va para todos, pero tiene que empezar por los que nos gobiernan. No hace mucho tiempo oí a un diputado decir que todo se puede cambiar. ¿Entiende que esas declaraciones promueven empleo y el desarrollo, la seguridad de la inversión?

Me decía hace algún tiempo un embajador amigo, que adora este país y promueve la inversión, pero recomienda a todos los futuros inversionistas buscarse un socio dominicano, que son los únicos que entienden esta telaraña de permisos, trabas y el tener muchas veces que pagar por servicios que supuestamente son gratis.

Unamos nuestras fuerzas, nuestros deseos sinceros por mejorar las condiciones salariales, educativas, de salud. Tenemos un gran país que necesita que sus mejores hombres se rasguen las vestiduras para crear un mejor futuro para nuestros hijos y nietos y en este salón está la posibilidad de generar una presión sana para que todos cambiemos de rumbo y en pocos años superemos la pobreza y seamos referencia y orgullo como nación.

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