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06 de mayo del 2021

Política

Congreso del cambio

Por Claudio Acosta. Es ya tradición que a un nuevo gobierno se le conceda una tregua de cien días, una especie de luna de miel durante la cual se espera que se le trate con guantes de seda, tanto desde los medios de comunicación como desde sectores políticos de oposición. Pero también se espera que […]




Por Claudio Acosta. Es ya tradición que a un nuevo gobierno se le conceda una tregua de cien días, una especie de luna de miel durante la cual se espera que se le trate con guantes de seda, tanto desde los medios de comunicación como desde sectores políticos de oposición. Pero también se espera que los nuevos administradores de la llamada cosa pública empleen ese tiempo para ponerse al día y poder estar mejor preparados para enfrentar la enorme responsabilidad que se ha puesto sobre sus hombros, no para perpetrar diabluras que provoquen ruidos innecesarios y envíen señales confusas, además de preocupantes, a sus gobernados. Estoy hablando, como habrán adivinado ya los más avispados, de la decisión de la Cámara de Diputados de modificar el artículo 7 de la ley 5994 para permitir que asuma la dirección del INAPA el dirigente del PRM Wellington Arnaud. La decisión de los legisladores provocó la reacción inmediata del CODIA, que la definió como un burla a los profesionales de la ingeniería del país, pues se trata de un puesto que necesita una preparación técnica muy puntual y específica. Y las críticas, como rayo que no cesa, continúan, y no es para menos. Ayer el jurista Francisco Álvarez, excoordinador de Participación Ciudadana, opinó que es una práctica incorrecta cambiar una ley para favorecer a una persona, en tanto el exgobernador del Banco Central, Guillermo Caram, consideró que es un acto que avergüenza. ¿Eso es lo que nos trae el Congreso del cambio? Tiempo hay, sin embargo, para sacar la pata que tan hondamente metieron los diputados, pues la modificación a la ley orgánica del INAPA debe ser conocida en el Senado. Quiere decir entonces que todavía tienen tiempo de corregir el desaguisado los senadores, a los que no está demás recordarles que si se votó por un cambio fue para rechazar, precisamente, que los políticos continúen poniendo la institucionalidad del país al servicio de sus ambiciones e intereses.

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