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18 de mayo del 2021

Opinión

Consejos de mi padre

Este 5 de julio, mi padre, Salvador Jorge Blanco, cumpliría 93 años. Fue un hombre que en cuanto a política y valores, me lo enseñó todo. Creció de forma admirable, como profesional y ser humano; muy pronto sintió el llamado del servicio público y el 16 de mayo de 1982, fue electo presidente del país, […]




Este 5 de julio, mi padre, Salvador Jorge Blanco, cumpliría 93 años. Fue un hombre que en cuanto a política y valores, me lo enseñó todo. Creció de forma admirable, como profesional y ser humano; muy pronto sintió el llamado del servicio público y el 16 de mayo de 1982, fue electo presidente del país, con el voto mayoritario del pueblo dominicano.

Nunca se aferró al poder. Nunca se durmió de los laureles y de las ceremonias pomposas que atendía siendo presidente. Fue un político de carne y de hueso, consciente de las realidades nacionales.

El mismo que cuando le correspondió ser Procurador General de la República en abril de 1965, fue el mismo que siendo presidente se detenía en los semáforos o bebía agua de coco o que abría el Palacio Nacional todas las semanas para recibir al pueblo en audiencias populares, lo cual le fue criticado por quienes no entendían su trayectoria de vida.

Siempre nos manifestó a mi hermana Dilia y a mí: “No se acostumbren al poder… ustedes van a tener durante cuatro años muchas amistades nuevas, tendrán muchas invitaciones, pero, luego de cuatro años, volveremos a nuestra casa. El poder es como una sombra que pasa. Mantengan siempre su sencillez y la humildad que siempre le hemos inculcado en nuestro hogar”.

Después de saborear las mieles del poder, vino lo amargo de la sábila, reflejada en una difícil situación de desgracia política, que no se la deseo a nadie. Mi padre sintió la embestida oficial, el uso de la justicia con fines políticos, hasta lograr una condena infame, que luego años después fue declarada su no culpabilidad en los hechos y su inocencia total.

Su bondad y entereza emergieron con fuerza en aquellos días más oscuros, pero también se manifestaron en los minutos de mayor intimidad, en compañía de mi mamá y mi hermana y yo, a quienes siempre regaló una sonrisa, un consejo y la fuerza para salir adelante, sin importar las circunstancias.

Salvador Jorge Blanco se nos fue, pero su lucha sigue en pie. La democracia está profundamente herida, al extremo de que hay signos que recuerdan épocas que se pensaban superadas. El PLD ha concentrado los poderes del Estado, y hoy más que nunca, tras 18 años de gobiernos morados, se vislumbra el cambio político en 2020.

En memoria de mi padre y de otros grandes como Juan Pablo Duarte, Gregorio Luperón, José Francisco Peña Gómez, y Antonio Guzmán, no descansaremos hasta ver cristalizado los deseos de cambio del pueblo dominicano.

Por:

Orlando Jorge Mera .

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