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06 de mayo del 2021

Opinión

Consejos no pedidos

Pablo McKinney pablomckinney@gmail.com El desgaste del PLD, su división, más una juventud indignada en una plaza en verano y con banderas, sacaron al PLD del poder y llevaron al PRM al Palacio Nacional. Sin embargo, en un momento de insospechada locura, alguien en el gobierno aprovechó la ausencia del país del presidente Abinader, para ordenar […]




Pablo McKinney

pablomckinney@gmail.com

El desgaste del PLD, su división, más una juventud indignada en una plaza en verano y con banderas, sacaron al PLD del poder y llevaron al PRM al Palacio Nacional. Sin embargo, en un momento de insospechada locura, alguien en el gobierno aprovechó la ausencia del país del presidente Abinader, para ordenar a la Policía reprimir y desalojar con acechanza y alevosía, con navajas y amenazas, a un grupo de mujeres que antes del inicio del toque de queda había acampado en el frente del Congreso Nacional en apoyo a la aprobación de las tres causales.

 Agredir a quienes protestaban pacíficamente frente al Congreso como tantas otras veces lo hicieron en las plazas y calles del país en apoyo a un cambio de gobierno, es una decisión más torpe que un celoso en una orgía o meter a un elefante borracho en una cristalería.

 Entonces, abra el ojo, Presidente Abinader, que ante la historia este será SU gobierno, y no el de ningún arrogante funcionario de modales fascistas y vocación autoritaria.

 Vistas las torpezas que vienen ocurriendo en este joven gobierno, cuyo presidente ha logrado en pocos meses inspirar confianza y recibir el reconocimiento de la ciudadanía, creo conveniente que el PRM tome prestado al PLD su concepto boschista de UNIFICACIÓN DE CRITERIOS. Y es que esa organización tiene la urgente tarea de unificarse en torno a unos principios intocables de honradez, eficiencia y solidaridad y, al mismo tiempo, decidir qué tipo de partido quiere ser: si la organización de una doña Milagros y su ejemplo, o el partido de esa maquinita de restar votos nacionales que es la gobernadora de Montecristi; decidir si quiere ser el partido de Roberto Fulcar y su internacionalmente reconocido modelo educativo en tiempos de Pandemia, o ser el del dirigente de Jimaní, que en siete meses tuvo tiempo para hacerse nombrar en tres instituciones del Estado, quizás porque aún no se ha enterado que después de lo ocurrido en la Plaza de la Bandera en aquel verano, electoralmente este país es ya otro país. 

 Entonces, llega al consejo no pedido: el PRM debe leer en sus locales, los versículos de esa biblia política de Moisés Naim que es El Fin del Poder, para que se enteren muchos de sus dirigentes, que nunca como ahora fue tan difícil ejercer el poder, ni tan fácil perderlo.

¡Que por falta de consejos no quede!

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