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21 de abril del 2021

Opinión

Continúa el trasvase

Si es verdad que el exsenador por La Vega Euclides Sánchez renunció del PLD porque “ha tirado por la borda sus principios”, habría que preguntarse porqué tardó tanto en darse cuenta de algo que llevamos años escuchándolo y repitiéndolo como cantaleta, aunque vale aclarar que para un político entrenado para sobrevivir en cualquier circunstancia nunca […]




Si es verdad que el exsenador por La Vega Euclides Sánchez renunció del PLD porque “ha tirado por la borda sus principios”, habría que preguntarse porqué tardó tanto en darse cuenta de algo que llevamos años escuchándolo y repitiéndolo como cantaleta, aunque vale aclarar que para un político entrenado para sobrevivir en cualquier circunstancia nunca es tarde para saltar del barco que se hunde. También hay que decir, porque no es una casualidad, que no transcurrieron 24 horas del anuncio público de la renuncia del exlegislador cuando ya se estaba juramentando en la Fuerza del Pueblo del expresidente Leonel Fernández, quien como político inteligente que es lo recibió con los brazos abiertos junto a la pequeña tropa de peledeístas que lo acompañaron en el salto. Porque si algo sabe el expresidente Fernández es que en estos momentos, cuando lo que toca es sumar adeptos y consolidar su Fuerza del Pueblo para convertirlo en opción de poder para el 2024, no puede tomarle en cuenta su desafección, que abandonara el leonelismo para dejarse arrastrar por el continuismo del expresidente Danilo Medina que terminó dividiendo al partido, pues la ingratitud y la lealtad, como ha tenido la oportunidad de comprobar, no son virtudes que abunden en los políticos de estos tiempos. Que el crecimiento de la Fuerza del Pueblo sea a costa de debilitar al PLD, embarcado en un proceso de renovación de sus estructuras dirigenciales cuestionado en su legitimidad, parece un proceso natural e inevitable, y hasta habrá quien piense que puede replicar el fenómeno que se dio con la salida del PRD de un grupo de dirigentes y militantes para formar el PRM ante la imposibilidad de cohabitar con Miguel Vargas, quien se quedó con el cascarón vacío y el jacho apagado. Nadie puede decir cuándo concluirá ese natural trasvase, pero no es muy difícil adivinar, concluida la “renovación” del partido morado, quién se quedará reinando entre sus escombros y sus glorias perdidas. PorClaudio Acosta

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