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17 de mayo del 2021

Opinión

Control en la frontera

César Duvernay. Las tensiones surgidas el pasado 12 de marzo cuando un grupo de enardecidos ciudadanos de la provincia Pedernales amenazara con sacar por la fuerza a cualquier haitiano que se encontrara en la localidad, parece que ha sido el detonante para que las autoridades entiendan que hay que poner más atención a la frontera. […]




César Duvernay.

Las tensiones surgidas el pasado 12 de marzo cuando un grupo de enardecidos ciudadanos de la provincia Pedernales amenazara con sacar por la fuerza a cualquier haitiano que se encontrara en la localidad, parece que ha sido el detonante para que las autoridades entiendan que hay que poner más atención a la frontera.

La reprobable acción de quienes por medio a altoparlantes daban plazo de 24 horas a los extranjeros para abandonar la zona y donde lamentablemente fueron maltratados algunos haitianos que tuvieron que huir despavoridos con sus hijos y pertenencias, hizo necesario el envío de fuerzas militares extras para instaurar la calma. Y es que por más indignación que se tenga (válida en este caso), República Dominicana es un estado cívico y derecho donde nadie puede tomar la justicia por sus manos ni hacer pagar a inocentes por lo que otro ha cometido.

Según las investigaciones, los esposos Julio Reyes Pérez y Neiba Féliz Urbáez, fueron brutalmente asesinados por tres haitianos quienes cruzaron la frontera luego de cometer el hecho y aunque uno de ellos fue detenido en Haití, los demás  están prófugos.

Actualmente se está a la espera que las autoridades del vecino país entreguen al apresado y capturen a los restantes mientras que los munícipes reclaman que Haití devuelva a los imputados y nuestro Estado, que inexplicablemente no tiene tratado de extradición con Haití, actualmente diligencia diplomática y judicialmente  en ese sentido.

Pero guste o no, lo acaecido en Pedernales no deja de ser el resultado del descontrol fronterizo que históricamente hemos tenido. Una permisividad de presencia y asentamientos, casi siempre ilegales, donde los inmigrantes no solamente encuentran trabajo y albergue, sino que tampoco hay registros documentales (ni allá ni de aquí) para ninguna de esas personas.

Y es que aparte de inversión y dignificación para que los dominicanos vivan  adecuadamente y no se vean forzados a emigrar, la fronteriza, por ser una zona estratégica, necesita del mayor control. Esquemas restrictivos, migratorios y de inteligencia donde la palabra mucho resulte poco; la tolerancia debe ser cero para todo aquel que se desplace sin papeles en la frontera.

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