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11 de mayo del 2021

Opinión

Cosecha de odio

Por: Claudio Acosta. Así como puede afirmarse, haciendo acopio de la conocida expresión, que aquel que siembra vientos cosecha tempestades, puede decirse también que quien siembra odio cosecha violencia, destrucción y muerte. Mucha gente en este país está convencida de que eso es lo que ha ocurrido en Pedernales, lo que explica que las advertencias empiecen […]




Por: Claudio Acosta.

Así como puede afirmarse, haciendo acopio de la conocida expresión, que aquel que siembra vientos cosecha tempestades, puede decirse también que quien siembra odio cosecha violencia, destrucción y muerte. Mucha gente en este país está convencida de que eso es lo que ha ocurrido en Pedernales, lo que explica que las advertencias empiecen a llegar desde distintos sectores de la vida nacional legítimamente preocupados porque se esté utilizando el odio hacia los inmigrantes haitianos para alimentar el conflicto surgido en esa comunidad, pero que por tratarse de tan buen combustible puede extenderse por toda la frontera y a Dios que reparta suerte. Los hechos que se produjeron la madrugada de ayer en la comunidad de Aguas Negras, también en Pedernales, donde decenas de familias haitianas huyeron despavoridas luego de ser atacadas por hombres encapuchados que incendiaron sus viviendas, justifica la creciente preocupación de esos sectores, a los que acaban de sumarse el arzobispado de Santiago y la Comisión de Coordinación Haitiano-Dominicana. ¿Pero quiénes son los que están sembrando ese odio, empujando el conflicto de Pedernales hacia una tragedia que nadie en su sano juicio desea? ¿Los familiares de la pareja asesinada, que en su sed de venganza quieren cobrársela con todos los haitianos? ¿Los nacionalistas y su cantaleta sobre los peligros y amenazas de la fusión con Haití? ¿Los medios de comunicación que de manera irresponsable agitan con el “problema haitiano”? Podría extender la lista por un buen rato pero no tendría utilidad ni propósito, más que nada porque ninguno de los que han lanzado la voz de alarma han identificado, con pelos y señales, a los que se dedican a esparcir la maligna semilla del odio contra “los hermanos haitianos”. Y como no hay nada más difícil de enfrentar que un enemigo invisible que está en todas partes y en ninguna, preparémonos para una abundante cosecha.

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