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19 de abril del 2021

Opinión

Costos de Catalina

CÉSAR MEDINA. Todo tiene un precio, pero ese es el concepto más difícil de manejar en la teoría económica. En la práctica es todavía más complicado determinarlo porque lo que hace la teoría es resumir, simbolizar y estimar la realidad. En contabilidad, el precio se obtiene de la suma del costo mas un margen de […]




CÉSAR MEDINA.
Todo tiene un precio, pero ese es el concepto más difícil de manejar en la teoría económica. En la práctica es todavía más complicado determinarlo porque lo que hace la teoría es resumir, simbolizar y estimar la realidad.
En contabilidad, el precio se obtiene de la suma del costo mas un margen de beneficio, pero el problema está precisamente en determinar correctamente cada uno de los componentes involucrados debido a su alto contenido de factores intangibles. Después está la disyuntiva de satisfacer al comprador por lo que adquiere y al productor con sus aspiraciones de ganancias. De ahí lo difícil de lograr el negocio perfecto: que todas las partes terminen conformes y contentas. Que todos ganen lo justo --consecuentemente--, es la clave del negocio ideal. Pero alcanzar esa aspiración es muy difícil cuando de por medio se encuentra el Estado y desde afuera se tiene el criterio de que el Estado no tiene dueño. Porque el Estado es de todos y de nadie. Hace más de 40 años un brillante periodista colombiano que se estableció aquí y aquí murió --Augusto Obando--, me dijo que nuestro país en lo que más se parecía a Colombia era en el criterio irracional de que los dineros públicos no tienen dolientes ni quien los defienda. Mi trajinar por medio mundo y haber vivido los últimos años en cuatro países, me ha enseñado que ese es un problema común a casi todas las sociedades donde las instituciones necesitan consolidarse, incluyendo algunas que damos por desarrolladas o por muy avanzadas. ... La ley del más fuerte La construcción no está exenta de esas inexactitudes y contradicciones. El costo de una obra siempre es impreciso tanto para el constructor como para quien la ordena y, al final, lo que se da es un juego de poder entre uno y otro.
Aunque el contratista jure haber calculado los costos holgadamente a su favor, pueden surgir imprevistos que lo empujen más allá de sus estimaciones. Cuando el ordenante es el fuerte, acuerda un precio cerrado e impone cláusulas de penalidad por entrega demorada. Todo le queda de acuerdo con lo convenido, contrario al contratista, que puede ganar o perder. Si gana --aunque poco--, estará bien. Pero si pierde podría terminar hasta pegándose un tiro. Cuando el contratista puede más, un contrato redactado, acordado y firmado en los términos anteriores sólo funciona si a él le va bien. Si los costos se le disparan por encima de los estimados, irá por el dueño de la obra y le echará a los suplidores. La Odebrecht también... En mayor escala, eso es lo que está sucediendo con la planta de Punta Catalina. El gobierno podría estar cubierto por todos los lados, pero el fuerte es Odebrecht. Es la constructora más grande y del país más extensa y poderosa de América Latina. En adición, tendrá a todos los países de origen de los subcontratistas y acreedores sumándose a su causa, si hiciera falta. La reacción de Danilo Medina frente al lío que le han armado por las supuestas sobrevaluaciones de esa generadora, resultó en un gran dilema para él. De haberse comprobado lo que pensaban y querían sus rivales políticos, se hubieran creado las condiciones para pedir su cabeza. ... Pero con el desmentido certificado por la propia comisión designada por él para investigar el caso, le proporcionó a la Odebrecht su mejor argumento para reclamar sobrecostos. Al final, los opositores del gobierno han terminado trabajando para la Odebrecht y no para el pueblo que se verá sacrificado con los 700 millones de dólares que habrá que desembolsarle a esa o cualquier otra constructora que asuma la obra.

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