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19 de abril del 2021

Opinión

Covid y normalidad

Si los contagiados/as con síntomas son muchos/as, los asintomáticos hay que multiplicarlos por diez de acuerdo a la experiencia mundial, y corresponde sobre todo a niños/as, adolescentes, jóvenes y adultos no mayores y no enfermos; por lo que la cifra de portadores sanos sin detectar es elevadísima. “Convivir con la covid-19”, por tanto, es mucho […]




Si los contagiados/as con síntomas son muchos/as, los asintomáticos hay que multiplicarlos por diez de acuerdo a la experiencia mundial, y corresponde sobre todo a niños/as, adolescentes, jóvenes y adultos no mayores y no enfermos; por lo que la cifra de portadores sanos sin detectar es elevadísima. “Convivir con la covid-19”, por tanto, es mucho más fácil y menos riesgoso para un amplio segmento de nuestra sociedad integrado por niñez, juventud y adultos/as mayores que no padecen de diabetes, hipertensión, cáncer, obesidad, enfermedades cardiovasculares y hepáticas, baja defensa, desnutrición…; lo que traduce en mayor vulnerabilidad y altísimo riesgo de muerte y deterioro de la salud para la mayoría empobrecida, población enferma y adultos/as mayores. La “covid-normalidad”, pues, puede encajar bastante bien con una parte de la sociedad que tiene condiciones para “contagiarse sin enfermarse” o “sin enfermarse gravemente”; y, de paso, contagiar a la parte vulnerable para la que esa convivencia es sumamente peligrosa. Esto es más grave por varias razones: los/as que se saben no vulnerables, o poco vulnerables, no tienen formación para proteger o cuidar a los/as de altos riesgos. Una gran parte comete grave irregularidades en cuanto al uso de las mascarillas o nasobucos y al distanciamiento físico, autoridades que saben reprimir pero no instruir, establecimientos empresariales y áreas de servicios públicos que violentan las normas sanitarias y un transporte en “conchos, voladoras y moto-conchos” que es un desastre sanitario. Así mismo, el alto grado de hacinamiento y la medicina como negocio, son peligros públicos permanentes. Las posibilidades de sanación de la población vulnerable se reducen porque el énfasis se pone en el gran negocio de las vacunas atadas a la OMS y los grandes consorcios capitalistas de la salud; y porque la OMS -condicionada por esos intereses- pone poco énfasis en los remedios e incluso bloquea tratamientos baratos eficaces en alguna medida. Y para colmo, no existe un plan nacional que contemple fortalecer el sistema inmunológico de cada ser humano; ni un programa particular que le dé un tratamiento especial (mapeo de pruebas y atención concentrada) a los principales focos de infección y le otorgue un sitial especial -con normas apropiadas, asistencia social, económica y salud de calidad- al sector de la sociedad impedido de “convivir” con este virus y de acceder a la llamada “Covid-normalidad”. Esto revela que la pandemia, inducida o no, pero evidentemente manipulada, está siendo enfilada cada vez más contra lo que el capitalismo neoliberal denomina “población sobrante”, con un espíritu clasista criminalmente maltusiano. Por: Narciso Isa Conde

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