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11 de mayo del 2021

Opinión

Creatividad delincuencial apoyada

Alfredo Freites. Este país se convierte en un lugar donde lo insólito es cotidiano. A velocidad de vértigo perdemos la capacidad de asombro. Vemos con naturalidad la violación a la ley y el atropello. Las asociaciones de malhechores parecen entidades sin fines de lucro;  policías y bandidos juegan en la misma liga donde los jueves […]




Alfredo Freites.
Este país se convierte en un lugar donde lo insólito es cotidiano. A velocidad de vértigo perdemos la capacidad de asombro. Vemos con naturalidad la violación a la ley y el atropello. Las asociaciones de malhechores parecen entidades sin fines de lucro;  policías y bandidos juegan en la misma liga donde los jueves son los  árbitros  de la impunidad.

También los delincuentes tienen sus propias barras defensivas constituidas por personas que presumen de serias y son críticas de la corrupción. Cuando en ella incurren otras personas.

En este saco caben tanto los empresarios que se autodenominan sindicalistas,  dirigentes estudiantes vinculados a corrupción académica y política, y los  integrantes del aparato judicial del cual  los policías son auxiliares. Es un entramado del que la desfachatez destila burla.

Como muestra corren en paralelo  dos casos donde un muerto esta de fuga y dirigentes estudiantiles son acusados de estafa, falsificación de documentos y asociación de malhechores.  Alejandro Castillo Paniagua (Quirinito), que  está más vivo de la cuenta, se hizo el muerto con la complicidad de médicos, fiscales y jueces. Estos  profesionales montaron una trama de película digna de mejor suerte, porque pudieron imaginar que esa estúpida treta podría  pasar largo tiempo sin que la sociedad se percatara. Vivimos en un país donde todo se sabe.

Las autoridades tienen la obligación de presentar el cuerpo del delito que tiene nombre y apellido. Quirinito es buscado, pero el pajar es grande y él se escabulle como aguja en casa de ciegos. Lo primero que se piensa es que Castillo Paniagua, condenado a 20 años de prisión por asesinato, hubo de pagar fuertes sumas para le fabricaran un cáncer que sirviera de excusa y obtener el traslado de la cárcel a un vivienda de lujo para en ese ámbito fingir una muerte súbita.

El empeño de la justicia es dar con los huesos, vivo o muerto, de Quirinito para poder montar un juicio. El padre del cadáver fugitivo afirma que no ha visto osamenta alguna  y la esposa y no viuda se niega a dar información del lugar constituido en  sepulcro. Es todo una tragicomedia judicial.

En  otro entremés,  la UASD suspende la docencia porque un grupo de seguidores de la dirigencia estudiantil protesta ante el apresamiento del presidente de la FED   por engañar  19 estudiantes con un proyecto que parece promesa  de corte infantil. La delincuencia es creativa y encuentra público de respaldo.

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